Los mariscos vivos recalan al fin en el mercado de Ferrol de la mano de la Cetárea de Cobas
El emblemático negocio del Prior se expande a la plaza de abastos para estar más cerca de la clientela
El mercado de A Magdalena desplegó este viernes la alfombra roja para recibir a un nuevo integrante del colectivo de placeros, la Cetárea de Cobas, todo un clásico con casi medio siglo de trayectoria en Prior que ahora se expande regresando al centro de Ferrol para estar un poco más cerca de clientes y turistas, explica Luis Castrillón, tercera generación al frente del negocio, y al que dio la bienvenida la concejala de Mercados, Maica García Fraga.
La gran novedad que trae consigo la llegada de este nuevo puesto doble —está situado enfrente de la entrada contigua a la nave de Ucha— es la venta de marisco vivo. “Instalar aquí las piscinas y las oxigenaciones fue algo complicado, pero la verdad es que el Ayuntamiento nos dio muchas facilidades porque también es algo que atrae al turismo”, traslada el responsable, confirmando que la próxima apertura del cocedero cuando terminen las obras del ‘gastromercado’ en la Pescadería terminó de animarles a dar el salto y poder despachar el género que después se preparará a solo unos metros de allí.
“La idea es que la gente pueda ver el producto, ya no solo a nivel de los particulares, sino también de la hostelería porque nosotros podemos adaptarnos a otras demandas al mantenerlo con vida, ofreciendo una gran variedad a diario”, valora.
Entre las exquisiteces que pueden encontrarse en la Cetárea de Cobas destacan los percebes, que empiezan a estar en temporada y se venden, de diversos tamaños, desde los 25 a los 75 euros. También llega la almeja —en este caso de la lonja de Mugardos— y el berberecho, pequeños y grandes, y después, por supuesto, el bogavante, la centolla, la nécora, la langosta o la cigala.
“Hemos tenido bastante gente para ser el primer día y estamos muy contentos de estar aquí, de poder contribuir a darle vida al mercado y aportar otro valor añadido. La nuestra es una ciudad marinera, con el mar siempre presente, y vimos que había este hueco, esta oportunidad de despachar marisco vivo, y nos metimos”, celebra Luis Castrillón, que coge el relevo de su padre, José Luis, con la tarea de seguir evolucionando.
En su caso, el reto que capitanea es el de informatizar procesos, ahondando en que “estamos implantando un sistema que va encaminado a la integración de trazabilidades, los números de lote, las etiquetas sanitarias... Antes se hacía todo a mano, algo que te loqueaba la cabeza y hoy en día está obsoleto, así que hemos empezado a cambiarlo para que sea más fácil, incorporando también la IA, y que nos diga realmente los escandallos, los márgenes que tenemos, los costes reales y todo eso”. Con ello, espera rebajar los niveles de estrés que suponía, por ejemplo, “poder equivocarte en un número de tarjeta sanitaria y enfrentarte a multas”.
Con las instalaciones de Prior enfocadas a la depuración, pero conservando la venta al público —también puede comprarse a través de su web—, con este desembarco en A Magdalena quieren “acercar el producto a la gente, que no tengan que ir hasta allá que, aún en verano, cuesta menos, pero en invierno mucho más. Aquí no tienen ni siquiera que coger el coche”, analiza Castrillón que, además, anima a la clientela a preguntar todo tipo de dudas al equipo que está en el puesto de la Cetárea de Cobas sobre tiempos y métodos de cocción.
“Son muy importantes porque, tanto si te pasas como si te quedas corto, es un problema. Hay que saber, además, desde cuándo contar los minutos. Y, por favor, que nadie meta las almejas en agua con sal si no quiere intoxicarse”.











