Un desenterramiento histórico en Ferrol que cumple dos décadas
La ballena del Museo de Historia Natural se exhumó el 15 de junio de 2006, tras más de dos años bajo tierra en una finca de Brión
El 15 de julio de 2006 la ciudad vivió un momento histórico, que aguardaban con especial impaciencia desde la Sociedade Galega de Historia Natural, ya que en esa jornada empezaron a desenterrar los huesos de la ballena que había sido trasladada desde la costa bergatiñana dos años atrás, con el objetivo de poder musealizar su esqueleto.
Con motivo del vigésimo aniversario de este acontecimiento rememoramos la historia de un cetáceo que, más de 22 años después de su varamiento, se ha convertido en un valor referencial de la urbe, y más concretamente del Museo de Historia Natural, una institución que cumplirá medio siglo de vida en el año 2029.
Fue un 19 de marzo de 2004 cuando en una cala de difícil acceso del municipio coruñés de Ponteceso, en el arenal de Niño do Corvo, varó esta ballena, una hembra adulta, ya muerta. Tras conocer el acontecimiento se movilizó a miembros de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma), a la que pertenece la SGHN. Era el Día del padre y en la localidad todavía recuerdan el acontecimiento, que fue presenciado por cientos de personas, entre ellos profesores y alumnos de centros escolares.

Juan Ignacio Díaz de Silva, que ejercía entonces como coordinador de mamíferos marinos de la sociedad, rememoraba en conversaciones con este periódico que para mover al animal fue necesario emplear una pala y también helicópteros para trasladar los huesos más grandes del cetáceo, que superaba los 18 metros.
En cada visita guiada al museo los responsables explican con detalle cómo fue todo el proceso y que pasaron varios días de duro trabajo en la playa de Ponteceso para desmembrar al animal y separar, lo que se pudo, la carne de los huesos para su posterior traslado. Previamente se realizaron también biometrías y la necropsia del ejemplar.
Fue necesario un importante despliegue de gente y medios, con la colaboración, entre otros, del Concello local y Protección Civil así como de la Xunta de Galicia, que puso a disposición del operativo dos helicópteros con los que se trasladarían los huesos más grandes hasta el puerto de Santa Mariña de Brantuas, en Ponteceso. Medio centenar de personas trabajaron a diario, durante varios días y aprovechando la marea baja en una cala de escasos 14 metros de largo, siendo dirigidos en todo momento por personal del Cemma.
Las toneladas de carne, vísceras y grasa fueron movilizadas por una retroexcavadora, mientras que los huesos se fueron separando poco a poco y trasladando por medios aéreos hasta la zona portuaria, desde donde se enviarían después por carretera hasta Ferrol. En concreto se empleó un vehículo pesado dotado de pluma que fue cedido para la ocasión por el Ayuntamiento de Ponteceso.

Dos años bajo tierra
En Ferrol, el Concello también colaboró cediendo una finca de su propiedad en Brión para enterrar durante un tiempo los huesos de este ejemplar de rorcual común, de modo que así se fueran limpiando del todo. Fueron 26 meses los transcurridos hasta que se procedió a desenterrar al animal de la enorme sepultura en la que se había introducido, con la mayor parte de la carne y grasa que rodeaba a los restos óseos ya desaparecida.

No fue nada fácil tampoco el traslado de los enormes huesos, especialmente el cráneo y maxilares, hasta la nueva sede de la SGHN, que se ubicaba ya en la conocida como “Casa del Coronel”, en terrenos del Sánchez Aguilera, en Canido, donde los mismos volvieron a pasar una larga temporada custodiados, en diferentes puntos, pero debidamente conservados y cuidados. Se realizaron habituales tareas de control y limpieza, comprobando que las condiciones ambientales no los estropearan, hasta poder disponerlos en el museo de la institución naturalista, dando forma de nuevo a esa majestuosa ballena que murió en la costa coruñesa.
Montaje
No fue hasta diciembre de 2014 cuando la ballena, por fin, pudo ser presentada en sociedad, tras un laborioso proceso de más de diez años de traslado, enterramiento, custodia, montaje y exhibición. Una década de esperas que se cerraría en un acto público con presencia de autoridades varias.

El trabajo de montaje no fue sencillo y se emplearon cinco meses. Como ejemplo de ello, solo el cráneo, estaba fragmentado en 74 piezas que hubo que ordenar y reconstruir. Las partes más grandes se fueron doblando con el paso de tiempo y por ello se procedió a romperlas para volver a montar corrigiendo esa anomalía. Destacar que esta parte del esqueleto supone el 41% del peso total del mismo que, en conjunto, supera los 1.300 kilos. Como curiosidad, las 59 vértebras que posee el mamífero se unieron por medio de una barra de acero. Además, en el proceso los elementos ausentes o dañados fueron reproducidos en resina de poliéster. Esta labor de montaje previa a su exhibición costó cerca de 20.000 euros sufragados en su mayoría (80%) por la Diputación de A Coruña.
Como anécdota de todo el proceso, cabe citar que durante el montaje del esqueleto un operario resultó herido al quedar atrapada su mano entre el cráneo del cetáceo y la pluma de la grúa. Demandó a la aseguradora resultando indemnizado con más de 50.000 euros.

Pocos ejemplares por el mundo se pueden ver desde tan cerca
El director del Museo de Historia Natural, Xán Rodríguez Silvar, asegura que llegar a poder disfrutar de un museo referente nacional como el que gestiona la SGHN en Ferrol es la suma de numerosas “excepcionalidades”, ya no tanto las económicas, que también, sino las que guardan relación con poder contar con la gente precisa y dispuesta en el momento adecuado, como pudo acontecer con el varamiento de la ballena y otras piezas de gran valor que se exhiben en Canido.
Con respecto a la particularidad de este museo, cabe citar que se trata del que para muchos expertos acoge la mejor colección de cetáceos de la Península Ibérica.
Hay museos en todo el mundo que exhiben ballenas como la ferrolana, pero prácticamente ninguno permite observar al mamífero desde tan poco espacio, pudiendo ver cada mínimo detalle de su osamenta.
Uno de los ejemplos más destacados del mundo se encuentra en el “Natural History Museum” de Londres, donde “Hope”, una ballena azul de 25,2 metros, preside el “Hintzehall”. Formada por 221 huesos y con un peso de 4,5 toneladas, está suspendida del techo y se halla a gran altura. Impacta por su tamaño y porte pero resulta imposible disfrutar del detalle que permite la visita al museo ferrolano.
Esta ballena sustituyó en el museo a ‘Dippy’, una réplica de diplodocus de yeso instalada en el año 1979 que se convirtió en uno de los emblemas del espacio expositivo londinense, pero que se retiró para dar paso a ‘Hope’ ya en el 2017. Este ejemplar hembra de ballena azul llegó a las dependencias en el año 1880 tras haber varado en la costa de Irlanda.
Otro referente expositivo de esqueleto de ballena a nivel mundial se encuentra en España, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, ubicado en Madrid. Allí se exhibe ‘Vera’, que también tiene una larga historia detrás. Se trata de un ejemplar de 20,4 metros y más de 2.500 kilos de peso que varó en 2008 en una playa de San Pedro de Alcántara, en Marbella. El gobierno marbellí inició una campaña entre colegios de Primaria y Secundaria para poner nombre al mamífero y se decantaron mayoritariamente por el referido. Su traslado y montaje en Madrid se ha valorado en más de 160.000 euros. Sus dimensiones nada tienen que envidiar a las de otro referente como la réplica de ballena azul que se muestra en la sala de ‘Vida Marina’ del Museo de Historia Natural de Nueva York, de 29 metros.
La de Ferrol, por ahora, no tiene un nombre propio, pero desde luego que representa el de todas las personas que sumaron esfuerzos para recuperarla y poder exhibirla.











