“Polideportivo” o “bodrio”, entre los apelativos de la ciudadanía para la plaza de abastos de Ferrol
La mayoría no se cortan a la hora de criticar la estética de la nave del mercado

Sabiendo que la elección del proyecto del mercado municipal de A Magdalena fue por descarte ante una falta de consenso político, no es de extrañar que la ciudadanía no le tenga un especial cariño a un inmueble que muchos perciben como un “polideportivo”.
Es el caso de Paula, que añade además que le parece “horroso” y, aunque las comparaciones son odiosas, no puede evitarlas: “Ves el de Ucha, que es precioso y este, a su lado, es horrible”, lamenta, apostando por acometer una obra allí siempre y cuando se garanticen unas condiciones propicias que no perjudiquen a los comerciantes.
Pablo, que también se encontraba este jueves en el entorno de la plaza de abastos, admite que “nunca me gustó, pero tampoco me paré a pensarlo demasiado”. Cree que, por mucha remodelación que se plantease, “no va a cambiar gran cosa” y asegura que el actual “cumple su función”.
A su lado, Manu es tajante: “No me gusta nada”, sentencia, apreciando que sería necesaria “una obra de humanización y mejora de instalaciones”. En su caso, lamenta que no se hayan rehabilitado las naves que había antes porque eran “bastante más racionales a todos los niveles”.
Para Rubén, el mercado es también un “polideportivo” que convendría “embellecer”. Dice que existen “soluciones arquitectónicas para hacerle un lavado de cara”, ahondando en que “tirarlo es carísimo, pero arreglarlo y dejarlo bonito, no tanto”.
“Lo que hay es que atraer a la gente con algo”, expone Mercedes, valorando que para ella “es más importante el contenido que el continente”. Se muestra encantada con el acceso que se hizo en la calle de la Iglesia porque “ha dejado un paseo espectacular”, pero se pregunta “qué falla para que haya tantos puestos vacíos”.
El mismo interrogante se plantean Gustavo y Sonia, clientes habituales, quienes lamentan que no haya más placeros porque “o produto é moi bon”. Critican lo que consideran “abandono e desidia” por parte del Concello, y no dudan en calificar el diseño del inmueble de “horrendo”.
Para Juan, que paseaba junto a su mujer, es un “bodrio”. Él, que peina canas y no solo conoció las instalaciones que se derrumbaron en 1998, sino las anteriores, abogaba por haberlas “restaurado porque, a pesar de estar en malas condiciones, tenían las líneas arquitectónicas de otros”. Además, quiso tener un recuerdo para las “señoras de los ‘paxes’ que vendían la fruta de sus casas; esa sí que sabía”.











