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Ferrol

El mercado que nadie quiso en Ferrol es ahora un pegote en una zona monumental

La plaza de abastos ferrolana es el ‘patito feo’ en un conjunto en el que destacan obras de gran relevancia

mercado de A Magdalena
La altura innecesaria de un mercado con una sola planta anula por completo a San Julián
Jorge Meis
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A casi nadie le convencía el proyecto de Ginés Navarro y Mercasa que salió vencedor del concurso de diseño del mercado central de A Magdalena y, básicamente, se escogió por eliminación dada la falta de consenso de los grupos políticos que formaban parte del pleno de Ferrol en aquel 30 de junio de 1997. Menos de tres años después, la nueva plaza de abastos se estrenaba el 17 de abril de 2000 y la opinión sobre su estética no mejoró, así que la resignación fue el único camino posible. 

Hasta hace poco tiempo, con una calle de la Iglesia saturada de coches e Irmandiños encajonada por la muralla, la visibilidad de la nave se fundía hacía los lados y conseguía pasar más desapercibida a lo ancho. No pasaba lo mismo con su excesiva altura, que tapa en gran parte la belleza de las torres de San Julián, actualmente restauradas. 

Por eso ahora, con la zona preparándose para ser un balcón al mar e incorporar al conjunto la vista de la Puerta del Dique como telón de fondo, con la Pescadería de Ucha precediéndola, el mercado, si es que alguna vez pegó en el trazado, ahora no lo hace “ni con cola”. 

El ‘lobby’ placero

Como la mayor parte —por no decir la totalidad— de los proyectos de cierta envergadura que se plantean en la ciudad, el de la nueva plaza de abastos no estuvo tampoco exento de polémica y retrasos acumulados, con el aderezo de las modificaciones, las protestas de los agentes implicados —en este caso de los placeros— e incluso querellas de arquitectos y de empresas constructoras. 

Todo un ‘culebrón’ al más puro estilo ferrolano que comenzó en 1992 con la consignación, por parte de la Xunta de Galicia, de 1.250 millones para su construcción. A partir de entonces, la maquinaria no empezaría a funcionar en forma hasta el mandato del popular Juan Blanco (1995-1999), que gobernó junto a Independientes por Ferrol hasta que el pacto se rompió en el 98. 

El primero de los reveses fue el que llegó desde San Caetano, puesto que el Gobierno gallego reculaba con su compromiso de financiación y planteó nuevas condiciones, aportando primeramente los 37 millones del proyecto y después partidas de ejecución anuales, con el condicionante de que debía estar rematado antes de llegar al año 2000. 

Otro de los grandes protagonistas de la historia del mercado municipal de A Magdalena fue Vicente Cupeiro, el presidente de los placeros, que dio la batalla para hacer valer los derechos de los comerciantes —en aquel momento eran unos 173—, consiguiendo que la entidad funcionase, a efectos prácticos, como un auténtico ‘lobby’. De hecho, desde el principio ejerció de interlocutor con el Concello y se dirigía habitualmente a los medios para presionar sobre los proyectos que más o menos les gustaban. 

Concurso de ideas

Para decidir el mejor diseño, el ejecutivo convocó un concurso de proyectos al que se presentaron once firmas: Fomento y Construcciones, Dragados, Ferrovial, Cubiertas Mzov, Corsán, Ginés Navarro, Agromán, Auxini y las uniones temporales de empresas OCP-Cies Control, Cmilsa-Idasa y Malvar-Ciisa. 

Los presupuestos de sus propuestas oscilaban entre los 1.122 y los 1.250 millones de pesetas y solamente una de ellas apostaba por levantar el mercado en otro emplazamiento: la Cuesta de Mella, sugiriendo recuperar la parcela como alameda y complementarlo con el derribo del muro del Arsenal para ver el mar. 

Esta era la sugerencia que firmaban los arquitectos Jorge y José Luis Antón y Ricardo Freire, presentada al concurso por la UTE Malvar-Ciisa, pretendiendo que los túneles de los bajos de los Jardines de San Francisco y Herrera —donde actualmente está el Museo de la Semana Santa— se aprovechasen para la plaza de abastos. Costaría 1.177.718.000 pesetas y tendría un plazo de ejecución de 20 meses. 

Esta idea —cuya maqueta, al igual que las otras diez, estuvo expuesta en el Torrente Ballester al público— llegó a lograr el respaldo de siete asociaciones vecinales —Canido, Esteiro, Recimil, Ensanche A, Ultramar, Caranza y Ferrol Vello— y de Independientes por Ferrol, pero a los placeros no les convenció. 

Las favoritas, fuera

Así, en plena muestra pública de miniaturas, cada grupo político fue tomando partido por una u otra propuesta, mientras que los de Cupeiro pusieron tres sobre la mesa y una cuestión básica para ellos: la infraestructura debía tener una sola planta. “Con varias, está demostrado, las instalaciones no funcionan comercialmente”, dijo. Los técnicos municipales también abogaban por lo mismo e insistían en que debía de ser una edificación acorde “a los criterios urbanísticos del barrio de A Magdalena”

El problema era que al PP, que ostentaba la Alcaldía, el mercado que más le gustaba era el proyectado por Agromán, que disponía de tres plantas. Por su parte, el PSOE se inclinaba por el de Dragados y el grupo mixto por Corsán, mientras que el resto —BNG e Izquierda Unida— no llegaron nunca a dar su puntuación en desacuerdo con la exclusión de otras empresas. 

Llegaría el 30 de junio y los placeros bajarían su persiana para ir a llenar el Salón de Plenos portando pancartas donde se leía un “Agromán, non”. Fue, como tantas otras en el consistorio ferrolano, una sesión larga y tediosa. Primero, se enfrascaron para decidir cómo se haría la votación y, al no ponerse de acuerdo, el regidor convocó un receso para hablar con los portavoces y llegar a un consenso. Al regreso, hubo rifirrafes y Antonio Golpe, edil socialista, llegó a llamar a Blanco Rouco “pusilánime político” en el fragor del debate. 

Un año y ocho meses

Finalmente, después de varias votaciones en las que no salieron aprobados los proyectos defendidos por los partidos, el de Ginés Navarro y Mercasa logró la mayoría simple, aliviando a los placeros por ser “muy funcional”, pero desesperando a los técnicos municipales que consideraban que se integraría mal en el barrio, como así fue. 

Al mes siguiente, la prensa ya hablaba de “demoras” en el comienzo de las obras, que tendrían que tener el beneplácito de Defensa y Patrimonio. Los trabajos preveían varias fases: el levantamiento de la bautizada después como “nave provisional” para el traslado de comerciantes; la construcción de los aparcamientos y de la plaza; la modernización de la Pescadería y la ejecución de una superficie comercial donde se ubicaba la primera instalación efímera. 

Con todo, la propuesta definitiva se aprobó en febrero de 1998 y hasta el 8 de agosto no comenzó la demolición por parte de ACS. Hubo que esperar un año y ocho meses hasta que el 18 de abril del 2000, ya con Xaime Bello como alcalde de Ferrol, los placeros recibiesen a los primeros clientes en las recién estrenadas instalaciones. 

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