Cafetería Avenida: 75 años ejerciendo de punto de encuentro en Ferrol
El aniversario del establecimiento lo confirma como uno de los más longevos de la hostelería de la ciudad naval
Fue el 1 de junio de 1951 cuando Emilio Vázquez y Pepa Broño dejaron la cafetería que tenían en la calle María para trasladarse a la esquina del número 28 de la plaza de España –manteniendo el nombre de Avenida–. Las obras de ampliación de la Caja de Ahorros dejaron libre este espacio (bajo y vivienda) en el que se iniciaron en la hostelería –él antes estaba en el de la construcción, que dejó tras la huelga del aceite de los 40–, algo que el nieto de los protagonistas, Emilio Vázquez, actual propietario junto a su hermana, Isabel, recuerda que conllevaba “jornadas eternas, trabajando sábados, domingos, festivos... y sin vacaciones”.
De aquella fecha se cumplen este lunes tres cuartos de siglo, los que convierte a la cafetería Avenida, si no en el más, sí en uno de los establecimientos más longevos de Ferrol regentados por la misma familia –después de los precursores estuvieron Emilio Vázquez (hijo de los fundadores) y Emilia Rey, que llegaron en el 66; y tras el repentino fallecimiento del primero, a los 51, los mencionados Emilio e Isabel, que está al frente desde 1988). “Y ampliando el negocio lo que se puede”, dice el responsable del Avenida, “pero manteniendo la filosofía de ser la hostelería de toda la vida, respetando la forma de trabajar de tantos años”.
En todo este tiempo, el espacio que ocupa la cafetería Avenida ha cambiado mucho, porque con la adaptación de la vivienda y de la parte de arriba del local se fueron añadiendo la churrería –“estaba en un agujero de tierra en el que había que excavar”, recuerda Vázquez–. Y, además se habilitaron oficinas, nuevos cuartos de baño, almacén... La última compra fue del espacio donde estaba al portería del edificio, que es donde se ha ubicado un salón de actos para algo menos de medio centenar de personas. Pero Emilio Vázquez recuerda que “la imagen que queremos transmitir es la de ser un bar de toda la vida”. De ahí que la decoración del establecimiento siga siendo clásica.
Referencia
Lo que no ha cambiado del Avenida es que sigue siendo una referencia dentro de la ciudad. “Siempre lo ha sido, porque la plaza de España era la puerta de entrada y salida a la ciudad. ¿Y dónde quedaba la gente de fuera? Pues en el bar de la esquina”, explica Emilio Vázquez antes de apuntar que “la gente que volvía a Ferrol siempre se acordaba del bar. Y, con el paso del tiempo, nos convertimos en un clásico conocido”. Además, explica que lo que más le gusta es oír a los clientes que regresan decir que “el local sigue teniendo la misma educación que tenía antes”.
Y, a pesar de que los más de diez años de obras realizadas en la plaza de España convirtieron este espacio en una especie de “zona cero” que lo que hizo fue dividir más el centro histórico de la ciudad naval, el Avenida sigue adelante. “Se nos fue la gente que bajaba de las estaciones de trenes y buses y la de un núcleo de actividad como era la plaza de España, donde había parada de bus urbanos, de taxis... Y nosotros estábamos en el medio del problema”, recuerda un Emilio Vázquez que recuerda las dificultades que se vivieron durante toda esta época.
Chocolate con churros y algo más: una carta que evoluciona según las necesidades sociales
El chocolate con churros es lo que ha distinguido a la cafetería Avenida a lo largo de los años... pero hay más. “La carta es una evolución de las necesidades de la sociedad”, explica Emilio Vázquez, al indicar que, siendo el suyo uno de los locales de Ferrol con una hora de cierre más tardía –lo hace a las 23.30–, “no puede dejar a nadie sin tomar algo”. Por eso indica que “si no hay churros, puede tener un complemento como un bocadillo pequeño, un sandwich, una tapa de tortilla, unas tostadas de pan y jamón, una pieza de bollería hecha por nosotros, una bola de helado... Algo para salir de un apuro, un tentempié que nunca habíamos ofrecido”, lo que justifica que ya no se “envíe” a los clientes a otros sitios como se hacía antes.
Incluso, la apertura del salón que hay en la parte alta del local permite la celebración de eventos como comuniones, cumpleaños o cualquier tipo de fiestas de hasta 40 personas. “Es una oferta mucho más variada de comida”, dice el responsable del establecimiento antes de indicar que “la gente viene a este espacio por la privacidad, por la comodidad y por la fiabilidad”.
Y, además de este momento complicado en la historia del Avenida, otro estuvo en la pandemia vivida hace unos años, una etapa que “nos dejó una reducción automática de jornada y de costumbres”. Eso nos obligó a eliminar personal, a trabajar desde casa... y a echar mano de la familia, como hacen la gran mayoría de establecimientos. “Ahí entre todos hicimos un buen trabajo para salir adelante”, recuerda Emilio Vázquez.
Rejuvenecido
Ahora, con el horizonte puesto en llegar a los cien años de vida, y a pesar de que detecte el descenso de personal cualificado, Emilio Vázquez espera que el Avenida siga funcionando con una clientela que percibe que ha bajado en edad de manera considerable. “Pero queremos que sea gente que siga manteniendo el espíritu del local, porque si quiere tener un establecimiento serio y tener gente seria, lo primero es que tienes que ser tú el que enseña a serlo”, dice convencido.
Será la manera de que el Avenida siga siendo el escenario de las mil y una anécdotas vividas en los 75 años de vida y del paso de múltiples personalidades que por allí pasaron. Un lugar que es una tradición de Ferrol y que quiere seguir siéndolo.
La importancia de la relación entre camarero y cliente
Entre personal de limpieza, de churrería, de barra, de sala y los gerentes son alrededor de quince personas las que trabajan a diario en la cafetería Avenida. Y Emilio Vázquez recuerda la importancia que tienen los camareros en la relación que se mantiene con la clientela. “Queremos que el camarero distinga a los clientes y estos al camarero. Porque es una tranquilidad que la persona que te sirve ya conozca tus gustos. Y, con el trato, se acabará contando un chiste, una pena, otra pena... y final una alegría”.
En este sentido recuerda, por ejemplo, la figura de José, que empezó a colaborar cuando estaba haciendo el servicio militar en el cuartel de zapadores, que pasó a trabajar en el establecimiento con 18 años, una vez terminado este período, y se retiró una vez cumplidos los 65. “Es un orgullo para nosotros”, recuerda Emilio Vázquez. También destaca la presencia de antiguos propietarios de locales de hostelería, de los que subraya que “tienen el enfoque de saber cómo es el trabajo, el sacrificio, el orden, la limpieza...”.
Y, aunque lamente que “en la hostelería se está perdiendo esa cercanía entre el cliente y el camarero”, resalta la buena relación que nota en el Avenida entre ambos polos. “Es que un cliente al que trates mal te pude echar a siete, pero si lo tratas bien te puede traer a tres”, explica. Y es que los pequeños detalles son algo de lo que el propietario de esta establecimiento está especialmente orgulloso y que cree que lo distingue de otros. “Lo que intentamos conseguir es clientes que no te fallen, que sea fieles y que sepan que el Avenida está ahí”, explica a modo de pregón de cuál es una de las razones de que se llegue a los 75 años de vida en un emplazamiento que es todo un emblema de la ciudad naval.











