Los jabalíes, una especie emblemática de Galicia que ya forma parte de los barrios de Ferrol
Desde hace años, la presencia de estos animales por las calles de Ferrol se ha ido incrementando hasta el punto de que en algunas zonas, como Canido, es común verlos como a un vecino más

Si hay un animal característico de Galicia este es, sin duda, el jabalí. Tanto es así que incluso la TVG, en el año 1994, decidió adoptar a este mamífero de la familia de los suidos como mascota de su espacio de entretenimiento juvenil. Sin embargo, lo que para el ciudadano medio antes era una criatura poco más que reservada a los libros de texto, documentales y, con mucha suerte, algún avistamiento nocturno en desplazamientos por carreteras de monte, ahora es casi un vecino más, incluso dentro de los núcleos urbanos.
Prueba de ello es la reciente denuncia de siete entidades de Canido, incluida la Asociación Vecinal, sobre los destrozos que los jabalíes estaban haciendo en las instalaciones del CEIP Juan de Lángara; o la de esta última relativa a los problemas que generan estos animales en el huerto comunitario de la zona. Echando la vista atrás, podría parecer que este fenómeno se remonta al año 2020, cuando, a raíz de los confinamientos por la pandemia de coronavirus, comenzaron a verse piaras enteras recorriendo de noche las calles de Ferrol.
Sin embargo, tal y como explica el doctor Alejandro Martínez Abraín, profesor del grado de Biología y miembro del Grupo de investigación en biología evolutiva de la Universidade da Coruña (UDC), esta coyuntura no deriva de las cuarentenas, sino que es, en buena parte, el producto de décadas de abandono del medio rural. “Es como una inversión. Los jabalíes, en lugar de estar donde deberían, que es en el monte, están bajando a otras zonas”, apunta, relatando que, como parte de su trabajo, lleva tiempo instalando cámaras de fototrampeo en un área montañosa próxima al campus de Elviña –en este caso para observar lobos–, pero que, para su sorpresa, apenas está captando animales salvajes.
El caso de Canido
Volviendo al ‘barrio alto’ de la ciudad naval, el presidente de la Asociación Vecinal de Canido, Roberto Taboada, señala que no se trata de una situación nueva y que incluso durante el anterior mandato tuvieron que instalarse trampas en varios puntos del núcleo urbano para tratar de reducir las poblaciones porcinas salvajes en el término municipal. “Levamos moito tempo con esta historia”, apunta, afirmando que “nunca pasou nada que tivésemos que lamentar en cuestións humanas, pero a poboación está temerosa” e incluso está dejando de pasear a última hora de la tarde por algunas áreas, como la calle Celso Emilio Ferreiro, “por medo a cruzarte con eles”.

En el caso del centro educativo, Taboada apunta que las entidades que denunciaron la situación –AV, SRD de Canido, ASC Muíño do Vento, Amufer, ANPA Brisas de Canido, Rugby Club Ferrol y la rondalla Só Elas– lo hicieron porque por estas instalaciones “circula moita xente e non é a primeira vez que atopan unha piara alí metida”. A este respecto, detalla que el principal problema es el estado del cierre perimetral, de modo que los animales entran por la noche para “remexer” y defecar en el campo de rugby.
Y en el huerto urbano, afirma, más de lo mismo. “É bastante desesperante, especialmente para a xente que está plantando e ten a colleita, que despertan unha mañá e o teñen todo desfeito”, relata. No obstante, insiste en que la problemática no se concentra en estos dos puntos, dado que “no barrio campan as súas anchas”, apuntando que a diario puede verse “a súa pegada” por todos los terrenos de la zona. “O outro día volvía de botar unha carreira e estaban alí, tranquilamente nunha finca, facendo as súas cousas”, comenta.
Buscando seguridad
La pregunta de rigor, ante esta situación, es cómo ha terminado una especie que siempre ha temido a los humanos, habitando prácticamente en el núcleo urbano de una ciudad. “Porque lo que van buscando es seguridad”, explica el doctor Martínez Abraín. “La Xunta permite a los cazadores, con la intención de rebajar sus densidades, cazarlos sin límite de fechas, ni de cantidades, ni de nada. Les ha dado el poder absoluto para gestionar esta especie de plaga”, relata. El problema, señala el investigador, es que el jabalí es una especie muy inteligente y no ha tardado en percatarse de que incluso estas medidas tienen sus límites.
“Si coges las leyes de caza, verás que no se puede disparar a menos de cierta distancia de una casa o una carretera –concretamente 100 metros de una zona habitada, 50 de viales y cinco de dominios públicos hidráulicos–, con lo cual, la tesela del rural es como una reserva no declarada para el jabalí”. En este sentido, el profesor insiste en que estos animales “son muy listos” y que “en seguida perciben” que cerca de las viviendas no corren peligro, por lo que “están encantados de meterse en cualquier solar abandonado, porque saben que ahí no hay gente pegando tiros”.

En cuanto a la alimentación, Alejandro Martínez detalla que la situación en estos entornos “es subóptima, pero es suficiente para ellos, porque son generalistas y se apañan con cualquier cosa”. Los destrozos, por tanto, son indicativo de que “no hay una fuente muy abundante de comida”, pero es una coyuntura que se compensa con la seguridad que les ofrece este entorno. A esto se suma, puntualiza el experto, el hecho de que “la actitud del urbanita es respetuosa con la fauna, y ellos se habitúan de manera cultural enseguida”. “No es un proceso adaptativo genético de cambio de frecuencias en la población con el tiempo es una cosa muy rápida que sucede simplemente por habituación”.
‘Abandono del refugio’
Si bien la percepción general es que esta tesitura es relativamente reciente –concretamente desde 2020–, realmente se trata, como se mencionó, de un proceso que lleva décadas gestándose. “Lleva en marcha el mismo tiempo que el abandono del rural moderno (...). A medida que se ha ido quedando el campo despoblado, la fauna ha salido de los refugios en los que había sobrevivido, lo que ahora llamamos espacios naturales protegidos. Son los cuatro enclaves que se salvaron de estar cultivados y los animales habitaban ahí, en esas zonas agrestes, de altura y forestadas”, narra el investigador de la UDC.
Sin embargo, desde hace “unos 60 o 70 años”, se ha reducido “la persecución directa de la fauna”, lo que ha hecho que esta se desplace de estos entornos en un fenómeno que el experto bautizó en su momento como ‘Abandono del refugio’. “Lo que pasa es que no nos hemos dado cuenta hasta hace muy poco de que estaba en marcha todo eso, porque ha sucedido de una manera progresiva y, hasta que no hemos tenido a los ‘bichos’ ahí delante, metidos en las ciudades, no nos hemos percatado de que llevaba en marcha ese proceso de pérdida de miedo y de acercamiento al ser humano desde hace décadas”. De hecho, el profesor apunta que este proceso está ocurriendo en toda la fauna, pero que es especialmente evidente en el caso de los jabalíes “porque son gregarios y se multiplican mucho”.
Asimismo, Martínez Abraín destaca un hecho de este cambio de entorno y es que, al contrario de lo que podría parecer, este acercamiento y pérdida de miedo a los humanos no se traduce en una mayor pasividad, sino todo lo contrario, “son los más peligrosos”. “Hay tres rasgos que viajan juntos genéticamente: la capacidad de exploración, la pérdida de miedo y la agresividad. Los que están en el monte son más asustadizos porque han sido seleccionados para eso, por la actividad humana, sin querer, porque los que eran más atrevidos se acercaban a nosotros y les pegábamos un tiro”, explica.

Sin embargo, igual que se interiorizó esa conducta, los ejemplares actuales han aprendido lo contrario, es decir, que las personas que viven en entornos urbanos –o en los núcleos poblacionales rurales– no les van a atacar. “Los animales más exploratorios son más osados y también más agresivos, por lo que justo esos individuos que tenemos delante, que no nos tienen miedo, son los que en un momento dado es más probable que nos ataquen”, advierte.
Soluciones
La cuestión, llegados a este punto es qué se puede hacer para evitar la presencia de los jabalíes en la ciudad. A este respecto, Roberto Taboada señala que, cuando se detectó el problema en Canido, la Asociación Vecinal investigó “como se facía noutros sitios”, descubriendo alternativas a la caza o la captura, como puede ser establecer puntos de alimentación con fórmulas anticonceptivas “para mermar a poboación” o la creación de pequeñas “reservas”. Desde el Concello, por otro lado, se señaló que el área de Medio Ambiente “ya tiene en marcha todos los trámites y actuaciones necesarias para abordar esta situación”, siguiendo el método de aprehensión mediante jaulas adoptado el mandato pasado. No obstante, también se señaló que no se hará pública la localización de estos elementos para garantizar tanto la seguridad de los vecinos como la efectividad del operativo.
El experto, no obstante, no lo ve tan claro. Y es que, como señala, “la caza no va a acabar con los jabalíes ni los va a controlar”. “Para mí es una cosa política y social, porque biológicamente no tiene sentido, porque es una especie que su dinámica poblacional depende sobre todo de la fecundidad. Es muy longeva y se reproduce muy bien, por lo que tendrías que eliminar a las hembras y las crías, y los cazadores no lo van hacer porque no son inhumanos”. En este sentido, el doctor en biología señala que tradicionalmente se le da muerte a los ejemplares más grandes y fuertes, los machos, y con ello se activan “mecanismos de amortiguación que son densodependientes”, como que las hembras tengan más hijos o más temprano.
A este respecto, incide en que será la propia densidad de las poblaciones la que controle la especie a través de enfermedades, como ya sucedió con otros animales en el pasado –poniendo como ejemplo la situación de las cabras montesas en la Sierra de Cazorla, “que cayeron por una epidemia de sarna”–. “Se acabarán regulando ellos solos, no van a crecer para siempre”, concluye. En cualquier caso, sí que da una serie de recomendaciones para reducir la presencia de ejemplares en las inmediaciones del núcleo urbano, tales como minimizar en la medida de lo posible las fuentes de alimentación, por ejemplo empleando contenedores de basura a prueba de jabalíes –insistiendo en que “si solo encuentran jardincitos, en algún momento se pueden hartar, pero como encuentre basura, sí que no te los quitas de en medio”–, o vallando en condiciones las fincas, pues si únicamente se limpian se reduce su espacio, pero se puede atraer especies vegetales invasoras.











