Visitantes incluso virtuales en un Museo Naval de Ferrol que abre sus puertas a todos los públicos
El decano de estos espacios en la ciudad cobra protagonismo dentro del programa por el Día de las Fuerzas Armadas

Siempre es buen momento para visitar el Museo Naval de Ferrol, el primer espacio expositivo que se inauguró en la ciudad y que este 2026 cumple sus primeros 40 años. Ya no solo por lo majestuoso de su edificio, el antiguo penal de San Campio en donde vivieron hacinados los mil presos que se encargaban —forzosamente— a achicar los diques, sino también por los tesoros de todo tipo que tienen custodiados.
Esta semana, coincidiendo con las actividades programadas por la Armada en torno a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas, el espacio abre sus puertas facilitando todavía más visitas guiadas de las habituales —las habrá también este sábado, de 9.30 a 13.30 horas— y recibiendo así a grupos tan dispares como los que recorrieron sus salas el pasado martes: uno de mayores vinculado al Imserso —suelen acudir siempre que están por Ferrol— y los escolares del primer ciclo de Primaria del CEIP Antonio Insua Bermúdez de Vilalba.
El alumnado había ido, previamente, a uno de los bautismos de mar que se están llevando a cabo en el contexto de la efeméride en el Arsenal, desembarcando un total de 69 niños y niñas con nueve docentes. A mayores, en una mochila, portaban un “avatar” de un compañero que, estando convaleciente en su casa, no quiso perderse la excursión. “Es Darío, puede ver y oír todo, y también hablar”, explicaban, mientras el crío saludaba a través del altavoz y podía incluso entornar la mirada para mostrar que estaba contento, dejando con la boca abierta al personal del museo que nunca había visto nada igual: “Vienen del futuro”, bromeaban.

El padre de la Sirenita
El brigada de Administración Alberto Dopico Vázquez fue el encargado de guiar a la mitad de los escolares por las diferentes salas. “Procuro hacer chascarrillos, adaptarme a sus edades y conocimientos, pero la verdad es que me encantan los niños”, confiesa, demostrando al momento, con su repertorio de anécdotas, chistes y preguntas que no podía haberles tocado un cicerone mejor para aprender los entresijos del espacio, que les llamó mucho la atención.
Así, comenzando por unas pinceladas de historia de la ciudad y de las defensas de la ría con los castillos de San Felipe y La Palma como grandes pilares, el guía empezó a relatarles algunas de las curiosidades de las navegaciones del siglo XVIII, como la importancia del limón para desinfectar y evitar también el escorbuto, la forma de engañar a los ratones poniéndoles pescado como cebo para que no comiesen lo demás o el pelo largo de los marineros que facilitaba su rescate en caso de caer al mar en un tiempo donde casi ninguno sabía nadar.

Las peculiaridades de la Infantería de Marina y sus uniformes ya en Flandes, con mosquetes o picas, así como los actuales entusiasmaron a unos pequeños muy participativos, que hacían todo tipo de preguntas, algunas de ellas provocando la carcajada general por su genialidad, como la de la niña que preguntó si la escultura de Poseidón o Neptuno de uno de los mascarones de proa que se exhiben era “el padre de la Sirenita”.
El viaje de Colón a América, las diferencias entre las carabelas y las naos, la artillería o las flotas de Indias y de Manila también fueron explicadas por Dopico, que incluso accedió a montarles una “mini discoteca” con su puntero láser entre los cois y los barriles de la reproducción del galeón, metiéndoselos definitivamente en el bolsillo.











