Illas Gabeiras, cuando la profesionalidad y el sabor constituyen el mejor aval
El establecimiento que regentan los chefs Miguel Campos y Beatriz Sotelo se prepara para un verano muy movido

La temporada de fiestas privadas, especialmente de bodas, ya ha empezado y en restaurantes como el ferrolano Illas Gabeiras ya se están preparando para un verano “repleto, bueno para banquetes”, como explica Beatriz Sotelo, la propietaria y responsable de la cocina del salón de eventos, un negocio que comparte con el chef Miguel Campos.
Los dos, cocineros de gran prestigio en Galicia, comparten un proyecto que goza de excelentes críticas entre sus comensales, con las mejores calificaciones en portales del mundo nupcial, donde la mayor parte de su clientela declara su profundo agradecimiento al equipo por hacer de sus celebraciones un día inolvidable.
El secreto, como apunta Sotelo, “es que se dejan guiar por nosotros, que llevamos muchos años en esto y siempre buscamos lo que va a ser mejor para ellos y sus invitados, pero sin dejar de lado algo fundamental para nosotros: adaptarnos a sus gustos, a lo que tienen en mente”, sostiene, añadiendo que personalizan “cada detalle, porque no somos herméticos sino que estamos abiertos a cambios. Hemos tenido en alguna ocasión hasta bodas de temática africana, mexicana... Siempre intentamos adaptar nuestros platos”.
El negocio es también el lugar escogido para comidas corporativas y celebraciones privadas de temporada, como en Navidad o la época de cocidos, así como comuniones o bautizos y toda clase de citas, no solo nupciales. Apunta además la chef, que comparte esta actividad con su labor como docente, que el fuerte de Illas Gabeiras “es el aperitivo, que es muy variado, podría decirse que ese momento es el que más se disfruta, pues es cuando está la gente junta y pueden relacionarse mejor unos con otros”.
Sostiene que esta parte del banquete puede resultar muy diferente de una boda a otra, pudiendo escoger muchas alternativas: “Tenemos zona de mariscos, de pulpo, incluso una parada de brasa, donde hacemos cocina en directo. Intentamos que sea muy social”.
Otra seña de identidad, que han incorporado recientemente, “es la de llegar con el servicio a todas las esquinas. Tenemos comprobado, sobre todo cuando hemos estado de invitados tanto Miguel como yo, que mucha gente no se desplaza a todas la estaciones porque hay cola o porque les queda lejos de donde están. También porque están a gusto hablando y no prueban todo. Eso no queremos que ocurra aquí y nuestros camareros pasan varias veces, insisten, para que los invitados puedan probar todo lo que les apetezca, de entre 12 y 15 aperitivos diferentes: ese pulpo, esas fajitas, el churrasco, nuestra torta de maíz con sardina ahumada que solemos servir... Sin que tengan que moverse a ningún sitio”.
Lo habitual hoy, traslada Beatriz, es que la gente opte por entretenerse más tiempo con el aperitivo y después pasen al salón, donde disfrutan de uno o dos platos; carne y pescado, o uno solo, y el postre. “Para mí es lo más bonito y nos permite mostrar más el tipo de elaboraciones que hacemos. Si tomas muchos aperitivos, y luego cuatro o cinco platos en mesa, no se disfrutan igual. La gente no come tanto. Nosotros no queremos vender todo, queremos vender lo que se coma, se disfrute y guste a los clientes”.
Dos opciones de marisco, pescado y carne y un postre es lo habitual que se ofrece a los novios. A veces, se sustituye un crustáceo por hacer algo más largos los entrantes, pero este plato estrella del mar no suele faltar en ninguna boda gallega, aunque siempre hay que tener muy en cuenta a la hora de elegirlo que esté en temporada el producto que se desee y, de no ser así, dejarse aconsejar, puesto que existen muchas alternativas, asegura Sotelo. Eso sí, asegura que hay clásicos que siguen estando presentes y no pasan de moda, como el pulpo y la empanada, o las eternas croquetas.
Menús entre 133 y 145 euros, los más solicitados en bodas
Explica el chef del restaurante A Gabeira, en Valón, y también responsable de Illas Gabeiras junto a Sotelo (Serantes), Miguel Campos, que los menús más solicitados por las parejas que se casan y contratan el banquete con ellos oscilan entre los 133 y los 145 euros de media. “Aunque hay novios que solicitan también incluir en los mismos productos más caros, como puede ser el lubrigante o las cigalas frescas, pudiendo llegar hasta los 150 o 180 euros por comensal”. Dicho lo cual, la inclusión de según qué productos de temporada puede encarecer mucho el plato, aunque lo ideal es seguir sus recomendaciones.











