La silenciosa despedida de Serafín, el decano de los cómics de Ferrol
Hace poco más de un mes, la Librería Serafín, uno de los puntos de venta de tebeos más importantes y longevos de la ciudad, cerró sus puertas tras más de tres décadas de actividad
A comienzos de enero de 2016, centenares de ferrolanos de la generación ‘millennial’, esa que nació a principios de los 80, tomaron las redes para expresar su pesar por el cierre de un local emblemático de la ciudad naval: la pizzería Tops. Este establecimiento, con sus míticos perritos, pizzas y hamburguesas, se había ganado, a base de albergar primero un número incalculable de cumpleaños y, mucho después, de cenas antes de salir por A Magdalena, un lugar de honor en la memoria colectiva de la ciudad naval. Y es por ello que, cuando dijo su adiós, muchos sintieron que Ferrol perdía algo que ya era parte de su historia, sumándose así a la triste colección de sitios, como la ‘Sala del Medio’, que solo permanecen en algunas fotos y en el recuerdo de quienes los disfrutaron.
Pues bien, esta situación volvió a repetirse, aunque de un modo mucho más discreto, hace escasas semanas, en la plaza de España. Se trata de la Librería Serafín, la decana de los cómics en la urbe, un lugar que muchos recordarán como uno de los comercios clásicos del municipio, pero que para los aficionados al arte gráfico era más que una referencia en la provincia. Y es que, a día de hoy y gracias a Internet, los tebeos, independientemente de su origen, son un entretenimiento de masas. No es raro ver en cualquier librería una sección dedicada al manga, por ejemplo, e incluso lugares como Ali Juguetes cuentan con una sección dedicada al ‘merchandising’; pero en plena década de los 90, especialmente en ciudades pequeñas como esta, una tienda así, con un catálogo tan dedicado, era prácticamente un ‘unicornio’.
Un poco de historia
La historia de este establecimiento, según relató por correo el año pasado un cliente que, al igual que quien suscribe estas líneas, quería hacerle un homenaje, comenzó en el año 1991, cuando un taxista ferrolano, mientras estaba estacionado en la plaza de España, vio un cartel de ‘Se Traspasa’ en el escaparate del local. Poco tiempo después, la Librería Serafín abría sus puertas, por aquel entonces más centrada en la literatura y los artículos de regalo.
La mía, no obstante, arrancó cuatro años más tarde, en septiembre de 1995, posiblemente a mediodía. El histórico establecimiento estaba a medio camino entre mi casa y la Compañía de María, así que no era raro encontrarme a la hora de salida mirando embobado el escaparate de la tienda. Lo más llamativo es que, además de los clásicos de Marvel y DC que hoy en día todo el mundo conoce, en ese espacio que a mí se me antojaba mágico también se exponían obras que en aquel tiempo eran, para Ferrol, toda una rareza, como ‘El Puño de la Estrella del Norte’, ‘Gon’ o ‘3x3 Ojos’. Aquel día, no obstante, con mis diez años recién cumplidos, decidí no quedarme fuera y ver qué podía llevarme a casa con las 200 pesetas que alguien me había dado y que milagrosamente no había gastado en el puesto de gominolas de Carmen, frente al mencionado colegio.

El pequeño comercio estaba lleno hasta el techo de libros y novelas gráficas en tapa dura que lo ocupaban todo, mientras que la parte trasera del escaparate tenía, colgados en una reja de acero, decenas de cómics diferentes. Y entre todos ellos, hubo uno que me cautivó, el número tres de ‘Veneno: Noches de Venganza’. A partir de ese momento, mis visitas al comercio, para desgracia del titular, Serafín, fueron prácticamente diarias –siempre recordándome que “si quería leerlo, tenía que comprarlo”–, hasta el punto de que un día, tras ponerme enfermo, mi abuela fue para regalarme un cómic y al dueño le bastaron tres interrogantes para saber que era para “ese chavalín que pregunta por todo lo que hay en la tienda”.
Y así, mientras en Ferrol abrían y cerraban negocios similares –como Arte 9 en Ultramar o Norma Cómics en O Inferniño–, yo pasaba de ‘Veneno’ a ‘Spawn’ y, más adelante, al manga clásico de Akira Toriyama, como ‘Dragon Ball’ o ‘Dr Slump’. Al final, como muchos otros, primero los estudios y después el trabajo me llevaron lejos de la ciudad naval, pero siempre que volvía terminaba parado, como hacía muchos años atrás, frente a ese mismo escaparate, que cada vez contaba con más y más volúmenes de culto.
“Haz lo que tengas que hacer”
Mi reencuentro con Serafín se produjo precisamente a raíz del mencionado correo anunciando su cierre. Entré en la tienda, nos miramos, le pregunté si se acordaba de quién era yo y él se limitó a responder, con una sonrisa, que “como para olvidarse”. En ese momento comenzó un tira y afloja que duró meses y del que no salí victorioso. Le expliqué que un antiguo cliente había escrito a Diario de Ferrol y creía que era importante dedicarle un artículo por su importancia para el sector y su impacto en toda una generación de aficionados.
Sin embargo, el profesional, siempre discreto, me despachaba a cada visita diciéndome que “hiciera lo que tenía que hacer” y que escribiera lo que quisiera, pero que no creía en las entrevistas ni en la publicidad. No importaba lo mucho que le dijera que esto no era solo un adiós para él, sino también para todos los que crecimos pegados a ese escaparate, pero no hubo forma: quería echar persiana con la misma humildad con la que la había abierto 35 años atrás.
Y de este modo, ya con el local clausurado, me quedo con una de las últimas frases que me dijo: “Es mejor irse en silencio porque, en cuanto pase un tiempo, nadie te recordará”. Como atestiguan estas líneas y la cantidad de mensajes que recibí una vez se oficializó el cierre, esta cita no solo no se cumplió, sino que servirá de recordatorio de que a veces, incluso cuando intentas seguir con tu vida de forma reservada, tu impacto en el mundo puede ser mucho más grande de lo que esperas.











