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Ferrol

Lobadiz, la tercera “aldea de casetas” que sucumbe a la pala en Ferrol, no será la última

Ferrol tuvo grandes áreas de estas chabolas hasta los 2000 en las playas de O Vilar, Doniños y San Xurxo

Lobadiz derrumbe casetas
La pala entró en Lobadiz el pasado jueves
Jorge Meis
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Hubo un tiempo en el que para veranear en primera línea de playa no hacía falta tener muchos millones en el banco. Bastaba con destreza y unas planchas metálicas para poder levantar una caseta en zonas tan privilegiadas como los arenales de Doniños, O Vilar o San Xurxo, cuyas dunas estuvieron desde comienzos de los setenta salpicadas de estas construcciones que resistieron los envites de la burocracia durante décadas. 

Con el comienzo del derribo, este jueves, de una decena de chabolas que asedian la bajada a la cala de Lobadiz y el perímetro de su castro, se acabará con unas estructuras en las que no solo se guardaban los aparejos de la pesca y el marisqueo, sino que servían también para que muchas familias pasasen el estío. Y es que, aunque el abandono había hecho mella en estas, las que se han ido demoliendo desde mediados de los noventa llegaron a ser viviendas con todas las comodidades, como muchas de las que todavía resisten a pesar del señalamiento de algunas entidades vecinales. 

Polémicas

Fue en la última época del mandato del alcalde Rogelio Cenalmor —quien gobernó de 1963 a 1974— cuando se concedieron por parte del Concello algunos permisos para colocar casetas temporales que tenían que retirarse al finalizar el verano, promovidas algunas de ellas por los socorristas que buscaban un alojamiento durante sus meses de trabajo. Sin embargo, la mayoría de estas estructuras echaron raíces y se mantuvieron en pie, en algunos de los casos, unas tres décadas. 

No obstante, la guerra ya se les había declarado mucho antes por parte de la administración cuando se empezó el proceso de ordenación de la costa, declarando algunas ya ilegales a mediados de los ochenta. De hecho, en 1984 había un centenar de ellas repartidas entre Covas, Doniños y San Xurxo y se intentó demoler tres que estaban en la zona de O Vilar. El Concello no pudo entonces porque una veintena de personas, entre propietarios y familiares, organizaron una sentada el 17 de mayo sin dejar que la pala cumpliera su misión. 

Un lustro después, en junio de 1989, el Boletín Oficial da Provincia (BOP) publicaba una lista de personas que tenían en “propiedad” un total de sesenta construcciones de este tipo en los arenales de Outeiro y San Xurxo, sobre las que pesaba un expediente recuperatorio de dominio público por parte de la Jefatura Provincial de Costas, que se había creado solo tres años antes. 

San Jorge casetas
En San Xurxo, en el camino a Punta dos Ríos, permanecen edificaciones que la Comunidad de Montes, propietaria del terreno, quiere derrumbar
Jorge Meis

La prensa hablaba entonces de “campamentos” y una “asignatura pendiente”, describiendo que lo que empezaron siendo edificaciones “modestas” llegaron a tener todo tipo de comodidades, convertidas ya en “segundas viviendas”. Así, además de antenas de televisión, cocinas a butano y servicios, tenían también porches cubiertos e incluso un hueco donde aparcar los vehículos, toda una aldea vacacional sin licencia que se erguía coronando las dunas en una imagen que hoy se hace impensable por el nivel de protección que el entorno natural —afortunadamente— ha ido adquiriendo con el paso del tiempo. 

Larga batalla

Para sorpresa de nadie, en aquel mes de septiembre no se demolieron las 30 casetas que estaban en la arena de Doniños y las otras 29 de San Xurxo, empezando a “combatirlas” en los noventa con técnicas más propias de “guerrilla” sostenidas por el boicot vecinal. Así, entre otros altercados, el 21 de octubre de 1992 se registró un incendio en una de las de Outeiro, que estaba en pie desde 1974, cuando el terreno era comunal y no de Costas. Más tarde, el 14 de abril de 1994, cayeron la treintena de edificaciones de la parroquia de A Mariña en un derribo promovido por Costas y ratificado por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. 

Tras esa primera remesa, la idea era seguir actuando en Outeiro y el municipio de Valdoviño una vez que concluyeran los trámites de deslinde marítimo-terrestre. Sin embargo, todavía en marzo de 1999 se sucedieron derribos en el arenal ferrolano, llevándose por delante dos construcciones usadas como viviendas y un bar, dejando vía libre a la cesión de esos terrenos, por parte del Concello de Ferrol, a la Demarcación de Costas para la construcción del parque en el marco del proyecto que dotó de paseo al entorno en una ordenación que se mantiene actualmente y que concluyó en 2001. 

Discordia

Con la piqueta actuando en Lobadiz después de años de reclamaciones vecinales, a San Xurxo todavía le queda una última contienda: las chabolas, convertidas ya en viviendas, que se suceden a lo largo del camino de Punta dos Ríos, el que sale por la trasera de la caseta de socorrismo. Se trata de una decena de edificaciones que, como el resto, comenzaron siendo de chapa y para pasar el verano, pero ahora ya resisten los temporales. 

A Cova
A Cova es uno de los dos puertos situados en cabo Prior, con varias casetas
Jorge Meis

Manuel Varela Gómez es el presidente de la Comunidad de Montes y no se cansa de recordar que ese terreno es de la vecindad, “e ningún dos que están aí son propietarios”. Por eso, a sus ochenta años, no tira la toalla y persiste en su afán de ver al fin ese lugar despojado de unas construcciones que “non son legais”, incide, a pesar de que la Axencia de Protección de Legalidade Urbanística (APLU), dependiente de la Xunta, diga que sus certificaciones catastrales y las obras, anteriores a la ley de Costas del 89, tienen uso residencial, un extremo que para el representante vecinal solo supone una prescripción parcial. 

Explica que, al igual que las que están pegadas al castro en la otra zona, que “algunha era mesmo de xente da Bazán”, su derribo se complicó cuando empezaron a pagar la contribución al Concello ferrolano dando normalidad al asentamiento. De hecho, solo una de ellas, la que posee una grúa para embarcaciones, está autorizada. Y es que una de las cuestiones en las que insiste Varela es en que “o monte é para o uso e desfrute dos veciños e de quen queira vir respectando a contorna”. 

Lo cierto es que siendo una de las zonas con más usuarios, tanto senderistas como corredores o ciclistas, la gente tiende a pensar que puede ser de titularidad municipal, pero tiene dueños y “é, ademais, reserva de caza e non deberían estar os cans soltos”, apostilla, como tampoco admiten que motos y quads que deterioran los caminos y un medio natural protegido por la Red Natura 2000, siendo LIC y ZEPA. 

Porto, Cobas
O Porto es el otro, al lado de la cetárea
Jorge Meis

Por su parte, en Covas todavía sobreviven edificaciones de la misma época que las anteriores en la zona de O Vilar, que se han convertido también en residencias habituales y de veraneo aunque igualmente suscitan recelo al presidente de la asociación vecinal, Manuel Sendón, muy crítico con la desigualdad que supone este limbo que exime a los propietarios de cumplir la legislación. 

Las que sí se quieren

Eso sí, no ocurre lo mismo con los tres enclaves en los que sobreviven chabolas más parecidas a las que se están derribando durante estos días en Lobadiz: A Cova y O Porto, a ambos lados del Prior, y Sartaña, entre O Medote y el arenal de Ponzos. 

Sartaña
Las de Sartaña, entre O Medote y Ponzos, son las que más se emplean todavía por parte de las personas que salen al mar
Jorge Meis

“No hay ningún problema con ellas y la mayoría siguen usándose por parte de la gente que sale al mar para guardar sus cosas”, precisa el representante vecinal, confirmando que no suscitaron nunca polémica porque tampoco nadie quiso transformarlas en viviendas y darles un uso abusivo. 

De hecho, no se entienden estos enclaves sin ellas aunque sí podrían pintarse y arreglarse para combatir el feísmo y evitar riesgos a quienes visiten estos rincones aún sin masificaciones. 

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