Tres siglos de la decisión que cambió la historia de Ferrol
El Museo Naval celebra la efeméride de los 300 años desde la creación del Departamento Marítimo del Norte
“Tal era la marcha que don Felipe V encontró establecida al ocupar el trono español después de la famosa guerra de sucesión(...) que, reuniendo y uniformando entonces, bajo unas mismas bases económicas y gubernativas las galeras del Mediterráneo, las del Océano y los galeones de Indias, regularizó el servicio bajo el principio de unidad gubernamental y centralización administrativa. Ocupóse de dividir todo el litoral de la Península en tres Departamentos navales con demarcaciones fijas, como centros de construcción y armamento, para recibir la acción del Gobierno Supremo y transmitirla con uniformidad (...); y consultados los puntos más oportunos para fijar la capitalidad y los arsenales, designó a Cartagena el Levante, a Cádiz el Poniente y al Ferrol para el Norte en el año 1726”.
Así explicaba José Montero y Aróstegui, en su emblemática obra Historia y descripción de la ciudad y departamento naval del Ferrol (1859) la creación del Departamento Marítimo en la ciudad, un hito del que se cumplen 300 años en este 2026 y que se conmemora, entre otras propuestas, con la una exposición en el Museo Naval, donde se rinde homenaje a los hombres que se encargaron de resolver las necesidades derivadas de la decisión del monarca planificando, primero en A Graña y después en la población pesquera que era Ferrol Vello, las infraestructuras necesarias para cumplir con el mandato de la Corona.
“Hasta entonces, Ferrol era un señorío nobiliario de los condes de Andrade y de Lemos, y el rey Felipe V, a través de la Real Cédula, compró la posesión del territorio, que se convirtió en villa de realengo a plena disposición de la Corona para construir el gran arsenal”, explica Jaime Antón Viscasillas, jurista y doctor en Historia, responsable del Servicio de Historia y Cultura del Museo Naval de Ferrol, quien ejerce de cicerone en la muestra junto al director del espacio, Juan Gómez Corbalán, otro apasionado del relato del nacimiento de la urbe en paralelo a la llegada de los marinos y los astilleros. “Ferrol y la Armada son un binomio inseparable, no se entenderían el uno sin el otro”, valora el experto, recordando que “es parte del ADN de la ciudad, como dice siempre el alcalde, porque fue creada ad hoc por el rey como base naval”.
Al principio, A Graña
Recuerdan que la primera base se ubicó en A Graña, en los terrenos donde se encuentra hoy la Escuela de Especialidades, y que estaba allí la Puerta del Parque que ya recordamos en su emplazamiento actual enfrente de la Praza Vella, puesto que se trasladó —conserva únicamente el blasón de Felipe V con los leones como elemento original— cuando la sede del Departamento se cambió a Ferrol y se reinauguró en 1858, momento en el que Isabel II estuvo aquí para la botadura del primer barco de vapor, el ‘Jorge Juan’.
Precisamente, quien dio nombre a ese buque histórico es otro de los protagonistas de la exposición, que se puede visitar hasta el próximo 28 de junio y que se inauguró el pasado 15 de abril en la Sala de Usos Múltiples, con presencia del Almirante Jefe del Arsenal, el vicealmirante Vicente Rubio Bolívar, y el alcalde, José Manuel Rey Varela, entre otras personalidades.
Justicia para Patiño
Pero antes de Jorge Juan y del Marqués de la Ensenada, cuyos retratos observan al visitante en la sala, hubo un nombre al que convendría hacerle justicia en esta efeméride: José Patiño y Rosales, Intendente General y ministro durante el reinado de Felipe V. Fue él quien se empeñó, desde 1717, en reconstruir las defensas españolas por mar y publicó las Ordenanzas de la Armada, creando también la compañía de Caballeros Guardias Marinas, los Batallones de Infantería, las Brigadas de Artillería y el Cuerpo del Ministerio.

Fue el bueno de Patiño —que da nombre al buque de aprovisionamiento de combate y cuenta con una calle en el Ensanche A—, el que ordenó la construcción del Arsenal de A Graña y creó los tres departamentos, “una de sus medidas más trascendentales y que sigue configurando el despliegue actual de la Armada”. Sin embargo, fue su sucesor, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, el Marqués de la Ensenada, quien se llevó toda la “fama” y cuenta incluso con una estatua mirando su gran obra desde los jardines de San Francisco. No obstante, su figura no fue baladí.
Estadista y político ilustrado, ejerció de Secretario de Estado de Hacienda, Guerra, Marina e Indias y consejero de Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Hizo la Ordenanza de Arsenales y fue el gran impulsor de la Real Armada dieciochesca, tanto de la flota como de los recintos. Además, cuando en 1746 planteó al rey su nueva estrategia naval, incidió en que el de Ferrol debía ser “por su situación, el más considerable” y en su ejecución avanzó que “será perfecto porque se ha copiado lo mejor de Europa y excluido lo malo”.
107 capitanes
Otras de las piezas que completan el puzle histórico que contextualiza la decisión que cambió el rumbo de Ferrol son el plano original de Vicente Tofiño (1789) en el que ya se distingue ‘la tableta de chocolate’ de A Magdalena y la muralla defensiva que diseñó Dionisio Sánchez de Aguilera, además de la espada del primer capitán general que mandó en la plaza, Francisco Javier Cornejo y Vallejo, que estrenó la comandancia en la “Muy Noble, Muy Leal y Muy Heroica” villa de A Graña. Ambos pertenecen a los fondos del Museo Naval, como también los ejemplares que componen una cuidada bibliografía sobre la historia naval de la ciudad.
No obstante, también han incorporado objetos que llegan desde otras dependencias, como el Palacio de Capitanía. En concreto, se trata de tres metopas en las que están grabados los nombres de los 107 comandantes que pasaron por el Departamento del Norte primero y la Zona Marítima del Cantábrico después, entre 1730 —cuando se estrenó Cornejo, que estuvo siete años— hasta el 16 de abril 2003, cuando Francisco Rapallo Comendador ostentó el honor de ser el último capitán general, cuya bandera también se puede ver en la exposición.
Se la había donado el Ayuntamiento —con el socialista Jaime Quintanilla como alcalde— a la Armada cuando cambió el escudo en 1984 y el águila de San Juan que se usó en la dictadura cedió el protagonismo a la corona. Es una pieza bordada por las religiosas de la Esclavas y era la insignia que se usaba en las multitudinarias juras de aquellos años.
La reformulación operativa que se produjo con la entrada de España en organizaciones internacionales como la OTAN y la creación de las Capitanías Marítimas civiles retiró las competencias en la costa a la Armada y, con ellas, se eliminaron los departamentos aunque para muchos Ferrol será siempre la ciudad departamental.
El Museo Naval, un “icono” que cumple 40 años de divulgación
Aunque la década de los setenta fue la de su impulso definitivo, hubo que esperar al 5 de marzo de 1986 para que el Museo Naval de Ferrol abriese sus puertas. Explica Jaime Antón que la expedición de rescate del pecio de la fragata ‘Magdalena’ en la costa de Viveiro en 1976, la “mayor tumba marina” de las costas españolas, hizo necesario un lugar donde albergar los fondos que recuperaron de lo que todavía se hallaba en el buque.
En paralelo, desde Madrid se promulgó la idea de que el gran espacio museístico de la capital contase con filiales en otras partes de España. En este contexto, decidieron rehabilitar para ello el inmueble que albergó en el siglo XVIII la prisión de San Campio del Arsenal y que después se destinó a almacén. Son ya cuarenta años de un espacio que, recuerda el experto, “es una joya, tanto el edificio como el recinto y, por supuesto, el contenido”.











