Lleno en la Cátedra Jorge Juan para conocer los entresijos de la restauración del Pórtico de la Gloria
Ana Laborde, quien coordinó las tareas en el monumento compostelano, compartió este jueves sus detalles en Exponav
La Cátedra Jorge Juan, que impulsa el Campus Industrial de Ferrol y la Armada, celebró este jueves en la Sala Carlos III del Museo de la Construcción Naval de la Fundación Exponav una nueva conferencia dentro de su programación.
Esta vez fue la experta Ana Laborde, quien estuvo a cargo de la coordinación de los trabajos de conservación y restauración del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, la que abordó en la cita los detalles de una experiencia que “me ha marcado toda mi vida profesional e incluso personal por su intensidad”.
Fue entre los años 2010 y 2018 cuando comenzaron a trabajar en el monumento, pero ya desde 2006 la donostiarra estuvo dedicada a su estudio como integrante del Instituto del Patrimonio Cultural de España, un organismo dependiente del Ministerio de Cultura del que se jubiló en 2024, recibiendo al final de su carrera el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, precisamente, por su buen hacer dirigiendo al equipo que trabajó en Compostela y cuya “buena sintonía fue la clave del éxito”.
Ante una sala llena, Laborde mostró la cara más conocida de la restauración, el deterioro anterior por décadas de “abandono” y el después, con una policromía que nadie vivo había visto antes, siendo “la fase que más tiempo nos llevó”. Pero la experta también dejó claro que “los monumentos nos hablan, nos dan información”, y el Pórtico no iba a ser menos.
Lo escucharon para que les contase, por ejemplo, que su construcción se había hecho en dos tiempos y sobre otra más antigua. También supieron que las esculturas estaban apoyadas dejando una cámara de aire que se tapó en el XIX y aceleró su deterioro. Averiguaron, asimismo, que se emplearon dos granitos, uno fino para las imágenes y otro más rudo para la arquitectura, además de mármol portugués. De hecho, hasta descubrieron las canteras y los caminos por los que llegaban las piedras al Obradoiro.
“Fue un proyecto para el que se alinearon los astros”, resumió, valorando que hubo por parte de las administraciones, las empresas y la Fundación Barrié, la gran mecenas del proyecto, “mucha comprensión y adaptación; nunca antes tuvimos tantos recursos y tanto tiempo”.









