Andrés Suárez, cantautor: “Pasamos de un tema de piano y voz a una bachata con músicos de Juan Luis Guerra”
El ferrolano volverá a actuar en el Auditorio de su ciudad el día 29 de mayo para presentar su último disco, ‘Lúa’

Entre las cinco primeras fechas de la gira ‘Lúa’, el último disco de Andrés Suárez, no podía faltar el lugar donde tiene “el corazón y el acento, la manera de sentir y hasta de hablar, carallo”. Su música volverá a sonar en el Auditorio de Ferrol el sábado 29 de mayo y en este momento todavía quedan algunas entradas disponibles para no perderse este comienzo de una nueva etapa.
¿Cómo nace ‘Lúa’?
Como la misma “lúa”, tiene dos caras, y muy diferenciadas. Es algo que a mí me gusta mucho porque hay un sector de mi público que le gustan mis canciones de “bajona”, depresión, dolor, amor, melancolía... y otro que se queda más con una parte más optimista o más vitalista. Y este disco nace de una depresión diagnosticada, de un momento extremadamente oscuro, horrible: una ruptura y una situación personal bastante jodida que viví el año pasado, y escribí canciones sobre esto hasta que de repente uno va a México y se enamora, y se llena el disco de optimismo, de amor, de luz, y hay un salto tan semántico, de color y de estilo. Es decir, de repente pasamos de un tema de piano y voz a una bachata tocada por músicos de Juan Luis Guerra. Es muy distinto a los que hice antes, pero en el que me encuentro totalmente, y es un viaje desde un momento muy oscuro al que habito hoy por fin, que es muy luminoso.
¿Ha cambiado su manera de crear un disco, el proceso?
Al principio, que tenía 20 años, hacía los discos con las 10 primeras que componía. Y cuando uno lleva 25 años de carrera, con 250 registradas en la SGAE, ya no sale de manera inmediata, rápida y locuaz, porque obviamente repites, hasta te copias a ti mismo sin darte cuenta, porque tienes que parar de esta velocidad en que vivimos. Entonces tengo que componer muchísimo, llamo a gente, muchas veces compañeras y compañeros acojonantes, que vienen a Moraima, a mi casa, a Torredolones, a componer conmigo, o en otras ocasiones me voy lejos, a México o a Buenos Aires, a escribir. Y llegamos a la cifra de 70 y pico canciones terminadas. Que “manda carallo”, decimos en Ferrol. De ahí elegimos 12. No sé si va a vender, a agradar o a tener muchos retuits, pero a mí me gusta mucho. Hubo una verdadera batalla campal entre Warner y GTS, mi oficina, y eso es muy bueno, que se queden canciones fuera es maravilloso.
¿Por qué elegir 12 temas?
Por tratar de hacer un ser simétrico y buscar la cara A y la B, no solo de un vinilo sino de la propia “lúa”. Hay seis canciones que pertenecen a esa etapa, oscura; decía mi amigo Benjamín Prado, “de luna negra”. No soy nada original, todos hemos pasado por momentos horribles, pero había mucha escritura sobre eso porque mi manera de desahogar es la palabra. Y hay otras seis, por eso 12, que hablan de amor, de México, donde tengo el corazón ahora mismo. Me parece maravilloso que vayas viendo desde el tema uno el dolor de la voz, de los instrumentos, se nota una melancolía profunda y, de repente, vas viendo cómo evoluciona: hay vida y hay un latir de nuevo.
¿Cuál es el punto de transición?
Hay una canción que se llama ‘Tu equipaje’, que describe una persona que viene desde México a verme: ahí comienza a hablar de que lo malo queda atrás. Ese sería el tema siete, hacia ese otro lado, esa otra cara de la luna. Creo que los grises en la música sientan muy bien. Quería hacerlo así porque reivindico el concepto “álbum”. Entiendo que todo es veloz, instantáneo, un clic. Parece ya que no tenemos ni quince segundos para oír una canción, pero estoy grabando un álbum: hablo de productores, de 30 o 40 músicos. Han sido dos años y medio de trabajo: le pido al público que tenga 30 minutos, lo que dura. Si no tenemos 30 minutos para leer un libro o para escuchar música, alguien nos ha vencido. Entonces, me interesa que semánticamente una canción llame a la otra y se cuente una historia a lo largo de todo un álbum.









