Pétalos de rosas para hacer aún más especial un día teñido de verde en Ferrol “que no es de este mundo”
Niñas y adolescentes del Tercio de la Virgen de la Esperanza vivirán este Martes Santo una de las jornadas más esperadas de todo el año, para la que se prepararon inaugurando nueva tradición
Hoy, en Ferrol, es “Martes de Esperanza”. Lo sabe cualquiera de las mujeres que algún día pasaron por el tercio de la imagen titular de la procesión que saldrá de Dolores a las nueve, el primero únicamente femenino y que ahora, como el resto, ya es mixto. También lo saben las niñas que sueñan despiertas con ser portadoras cuando lleguen a los 18 años y que este lunes, por primera vez, deshojaron decenas de flores para que su “virgencita” tenga una “petalada” sorpresa en algún punto de su recorrido.
Andrea Pita Ponce tiene 12 años y lleva desde que tenía dos siendo una “Esperancita”. “Es la primera vez que lo hacemos y está bastante guay porque así estamos todas juntas y nos lo pasamos muy bien”, comenta sobre la actividad, que se celebró por la tarde en su local (Real 116) y terminó con una merienda. Cuenta que a ella la devoción le viene de familia por “mi abuelo, mi tía, mi madrina, mi padre...”, por eso no oculta que “ya estoy nerviosa, pero disfrutando, como siempre”.
Esta jornada Andrea habrá amanecido, también, con la inquietud en el cuerpo porque el Martes Santo es para ella “un día como que no es de este mundo, muy especial, en el que lo paso muy bien y disfruto con mis compañeras de toda la vida”, dice, confesando que el momento más ilusionante es “cuando le cantamos ‘Una Madre no se cansa de esperar’, que yo me emociono recordando a mi abuelo”.
“Crear vínculos”
Ella, como sus compañeras, tendrá que esperar todavía a la mayoría de edad para dar el paso de ponerse bajo el trono, algo que Raquel Pita Dovalo, organizadora del tercio, hizo cuando tenía solamente 15 años. “Me retiré a los cuarenta y ya me vine para aquí, con las niñas, para que sigan la tradición que las mayores vamos dejando... Y hay futuro”, confirma. En su caso, la Esperanza también tiene las altas cerradas y lista de espera, siendo 108 integrantes. Lo mismo ocurre con las portadoras, que son ahora 67, confirma su mayordoma, Lola Castro Casares.
Sostiene Raquel que haber encontrado este año un local lo suficientemente grande les ha permitido organizar este taller de “petalada” que otros años no habrían podido hacer. “Se nos ha ocurrido para crear vínculos entre el grupo”, afirma, consciente de que esas pequeñas están construyendo recuerdos y amistades que las acompañarán el resto de sus días.
Para la organizadora este martes también es uno de los días marcados en verde en el calendario. “Me despertaré llorando y seguiré así todo el día. Comeremos juntas y a disfrutar de estos momentos, que son muy bonitos”, valora, reconociendo que “aunque echo de menos estar debajo, ver a una niña de tres años llorar por su ‘virgencita’, cantando a todo pulmón, merece la pena porque todo esto lo hacemos por ellas”.










