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Sociedad

Javier Acosta, un naronés de 42 años, casado y con una hija, primer diácono permanente de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol

El que fuera cabeza de lista de PP pontés celebra la palabra cada domingo en diferentes iglesias

Entrevista a Javier Acosta
Javier Acosta, delante de la Domus Ecclesiae donde realiza labores administrativas por las mañanas
Daniel Alexandre
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La Diócesis de Mondoñedo-Ferrol está formada por 422 parroquias, 125 de las cuales se hallan en los arciprestazgos de Ferrol y Ortegal. Si se tiene en cuenta que en la actualidad son 71 los párrocos que están en activo en esta demarcación eclesiástica, las cuentas no dan. Imposible abrir cada iglesia, cada ermita o cada templo para la misa de domingo y el resto de oficios como funerales, entierros o celebraciones varias, además de los trámites administrativos que deben realizar también los sacerdotes.

Ante esta situación deficitaria, la Iglesia apuesta más que nunca en los últimos tiempos por la sinodalidad, por dar cabida a otras voces que puedan complementar el servicio de un clero en horas bajas, y compartir la misión eclesial y una corresponsabilidad evangelizadora.

Desde estas páginas ponemos voz y cara a una de esas personas que ha querido dar un paso más en su afán por ayudar a que las comunidades parroquiales no se vean reducidas por la falta creciente de sacerdotes.

Javier Acosta es un naronés, joven, que en breve cumplirá 43 años, que está casado y tiene una hija y que, no obstante, ha prometido que cumplirá con el celibato –solo en caso de que se quedara viudo– y que no formará una nueva familia. Ese es uno de los requerimientos de su nueva condición como diácono permanente, ministerio para el que se está formando en la actualidad, siendo el primero en esta demarcación de Mondoñedo-Ferrol. Una vez ordenado podrá ampliar sus funciones actuales. 

Llegar a donde está hoy es fruto de un largo camino de colaboración con la diócesis que inició, primeramente, ejerciendo de catequista desde hace más de 25 años. La colaboración con la Unidad Pastoral de As Pontes, localidad a la que se trasladó cuando se casó, fue aumentando con el paso del tiempo y el incremento de las necesidades. No obstante, cabe destacar que, aunque muchos saben de él por su función como animador de la palabra en la villa pontesa, Acosta es conocido también porque durante un tiempo fue la cara visible del Partido Popular local, ejerciendo de concejal y concurriendo como cabeza de lista en los comicios de 2019.

Un año después, en 2020, se encargó ya de la primera celebración de la palabra, que es como se denomina al desarrollo de una misa por parte de un laico. Explica que el traslado de uno de los curas de la UPA, y la muerte de otro de los dos que quedaban para atender unas 17 parroquias pontesas, de As Somozas y Xermade, obligó a que los fieles, entre los que se encontraba, tomaran cartas en el asunto. “Algo había que hacer para que las aldeas no se quedaran sin el que para muchos es el único acto social de la semana”, apunta este laico animador de la palabra, que junto con otros como él empezaron a organizarse “centralizando la actividad en los grandes núcleos, para poder llegar al máximo de fieles”.

Acosta entiende que “todos aportamos, cada uno desde nuestra vocación y posibilidades”. Además, sostiene que “la Iglesia del futuro y del presente pasa por comunidades que sean más vivas, más participativas y más conscientes de que la misión ha de ser compartida, que no debe ser labor exclusiva del sacerdote”. También apostilla que el reto al que se enfrentan los laicos que celebran la palabra no está en sustituir al párroco, esa no es su función, está en acompañar. “Podemos y debemos ayudar a la comunidad a vivir la fe, a reunirse, a mantener la unidad, pero siempre siendo conscientes del papel que juega cada uno y, desde ese desafío, también tratamos de generar participación”, afirma.

Sostiene este naronés afincando en la villa pontesa que la mayoría de la gente responde positivamente ante la presencia de un laico en los diferentes oficios en los que toman parte, aunque también se ha encontrado con fieles que no ven con tan buenos ojos la ausencia de un cura.

Considera que los ministerios laicos constituyen en sí mismos una oportunidad que mucha gente como él –hay del orden de los 40 en Mondoñedo-Ferrol– abraza, ayudando con ello a “fortalecer el acompañamiento y aprendiendo mucho en el camino”, subraya.

En la actualidad hay unos 40 laicos que colaboran con la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol

La importante labor que realiza en la Iglesia durante los fines de semana la compagina con el desarrollo de funciones administrativas en la Domus Ecclesiae, donde se forma para el diaconado permanente durante las mañanas. También colabora entre semana con alguna celebración vespertina en la capilla del Carmen. Asimismo, por las tardes se encarga de la gestión de varias comunidades de vecinos y todavía saca tiempo para dedicarle a su mujer y su hija, que han aceptado muy bien su papel implicado como animador de la palabra. En la actualidad se encarga también de organizar la agenda en la Unidad Pastoral de As Pontes, “hay mucho que hacer, y es importante organizarnos para decidir a dónde va cada uno cada día, quien va a dar un responso al tanatorio, quien a una función religiosa, a un funeral, etc.”.

Asegura que la presencia de laicos está cada vez más consolidada y eso ayuda a que otros fieles sigan el ejemplo y se impliquen. Además, añade que gracias a esta labor “las tradiciones de siempre se mantienen, la gente sigue estando en contacto, se hace comunidad por medio de un camino de escucha, de cercanía y acompañamiento”.

Su caso no es excepcional, hay muchos como él en la Iglesia, aunque sí lo es en esta diócesis, sobre todo tras haber sido escogido por el obispo Fernando García como el candidato más idóneo para convertirse en el primer diácono permanente que va a tener Mondoñedo-Ferrol.

Ante la falta de vocaciones, laicos comprometidos con la Iglesia como Javier Acosta y otros como él son un bien muy preciado para que la actividad religiosa no decaiga

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