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Sociedad

La tienda de Maruja, que llegó al barrio de Ultramar cuando solo había prados y vacas

Su propietaria, recibirá este domingo un homenaje por su extensa trayectoria de 78 años al frente de este histórico negocio

Casa Maruja
Maruja, en su histórica tienda de la calle Villa Soledad, que abrió sus puertas en 1948
Daniel Alexandre
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Desde 1948 está en funcionamiento el negocio ‘Maruja Alimentación’, que todos en el barrio de Ultramar conocen como la ‘Tienda de Maruja’. Su propietaria, que da nombre al espacio, recibirá este domingo un homenaje organizado por parte de la asociación de vecinos local y que estos días la tiene “muy nerviosa”, como ella misma indica.

Visitamos su emblemático puesto de venta de la urbe, que lleva abierto nada menos que 78 años, siempre con esta mujer al frente. Todavía hoy, cuando es su hijo quien lo regenta, ella sigue bajando cada día al negocio, ocupando su sillón, que está colocado al lado de la caja registradora frente a  la entrada de la tienda, por si en algún momento se requiere de su colaboración. “Si mi hijo tiene que salir un momento al almacén o a  hacer un recado yo ayudo en la caja, ya que una persona sola –refiriéndose a su nuera, que atiende la zona de producto fresco o a granel– no se puede hacer cargo de atender a los clientes y cobrar”. No obstante, sigue conociendo los precios de casi cada artículo que hay en la tienda, y son muchos.

El espacio es reducido, de tamaño, no en capacidad, ya que en su interior hay “un poco de todo, para el día a día de cualquier familia”, como indica. La tienda está configurada como el clásico ultramarinos de toda la vida. Pero no siempre fue así. Maruja recuerda como si fuera hoy mismo el día que recaló en la zona. “Aquí no había edificios, nada, estaba la tiendecita y solo había prados, alguna casa que otra, pero no estaban cerca, lo que sí que había eran vacas, muchas, pastando por la zona”, rememora.

Llegó a Ferrol siendo niña, para trabajar junto a su hermano, fallecido hace unos meses, de carbonera. “Mi tío, que también vivía por aquí, siempre decía que aquel no era sitio para mí, que merecía algo más, ya que sabía coser, y eso era muy apreciado en la época... al final me encontró trabajo, no de modista, en una tienda, que tampoco es que fuera mucho mejor labor, pues se trabajaba mucho, y a ello me dediqué ya toda la vida”, explica.

En sus inicios, cuando montaron el negocio, “el consumo no tenía nada ver con el de ahora, que se compran muchas cosas. La gente entonces comía mayormente de lo que plantaba y le daban sus animales, aquí vendíamos lo que venía siendo la ración, poco se compraba porque poco se podía comprar, algo de aceite... y también se vendían mucho unas sardinas en lata que se exhibían en el escaparate y que la gente compraba a razón de los céntimos de que disponía”.

Aperturas de negocios como los grandes hipermercados, que arruinaron muchas pequeñas tiendas como la de Maruja, apenas han influido en este mítico negocio del barrio de Ultramar por el que pasan cientos de personas cada día. “Clientes de toda la vida, gente mayor que ya compraba cuando eran niños y también nuevos vecinos que llegan”, explica. “Aquí abrimos todos los días, también mañana –por el 19 de marzo,–, que es festivo, y los domingos hasta las 14.00 horas, así que los residentes saben que aquí estamos para lo que pueda surgir en cualquier momento”, explica esta mujer, quien, a sus 97 años recibirá un bonito homenaje de sus vecinos y clientes, esos que recuerdan a Maruja y su tienda de toda la vida. Unos más habituales, otros que bajaban a por una chuchería o antojo cuando todo estaba cerrado, los que buscaban alguna bebida para montar la fiesta o el  botellón o quienes iban a su tienda a por el bollito antes de ir al colegio, una clientela variada, pero siempre, siempre muy presente, durante 78 años de actividad, como lo ha estado la propia Maruja, y los que todavía queden por sumar.

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