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Sociedad

Los cinco días de locura de un ferrolano en Israel: "Hice buenos amigos en los búnkeres"

El joven Álvaro Ledo viajó a Tel Aviv horas antes de que estallara la guerra contra Irán

Álvaro Ledo viaje Israel
Álvaro Ledo este domingo en la plaza de Amboage
Daniel Alexandre
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El ferrolano Álvaro Ledo regresó el pasado miércoles de vivir la que ha sido la “aventura” de su vida. Un viaje para reencontrarse con su novia que se convirtió en el que bien podría ser el guión de una película bélica con tintes surrealistas.

El destino escogido para esa escapada romántica fue Tel Aviv, la segunda ciudad más poblada de Israel después de su capital, Jerusalén. Desde luego, no parece el lugar más idóneo para ir a hacer turismo en pareja en este momento, pero cuando organizaron el viaje la situación de crispación no era la de hoy en día.

El caso es que la pareja de Álvaro, de República Checa, tiene una amiga que está estudiando Derecho en una universidad israelí, en el marco de un proceso de intercambio entre centros, y fue quien los invitó a pasar unos días en su piso de esta ciudad de la costa mediterránea, aprovechando que ella viajaría a otra urbe del país.

Así pues, este joven de Canido preparó su trayecto y sus maletas y partió hacia Israel el viernes 27 de febrero desde el aeropuerto de A Coruña, con escala en Madrid, hacia la ciudad de Tel Aviv. “Una vez en Barajas mi novia me llamó por teléfono para decirme que como le caducaba en pasaporte en tres meses no la dejaban volar hasta el lunes. Me entraron muchas dudas, no sabíamos qué hacer, si seguir adelante con el vuelo o cancelar el viaje, pero finalmente decidí embarcar confiando en que ella pudiera llegar allí el lunes y pasar unos días juntos”.

El sábado 28 de febrero, Álvaro despertó abruptamente en la habitación del piso que le dejaron en Tel Aviv con el sonido de las sirenas. Un ruido ensordecedor que le hizo entrar en pánico. “Me entró un miedo terrible, me puse cardíaco, pero la gente de allí es toda encantadora y colaboradora y me calmaron enseguida al verme tan asustado”.

Además, llevaba consigo una aplicación para el teléfono que le fue de gran ayuda en aquellos momentos de terror. “Tenemos un grupo con varios amigos de la zona y nos pasaron una app que te indica dónde se localiza el búnker más próximo al lugar en el que te encuentres, en caso de que se produzca una detonación o una alerta de misil, y también la zona en la que podría caer el artefacto”.

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Edificios que sucumbieron a algún proyectil también se pueden ver en esta ciudad tan cosmopolita de Israel
Álvaro Ledo

Aunque conocía de primera mano que la tensión con Irán aumentaba, nunca se le pasó por la cabeza que la guerra sería inminente, como así aconteció.

Tras el inicio de los ataques, el sábado 28 de febrero se cerró el espacio aéreo del país y, lo que se planteaba, de inicio, como un viaje de placer, se transformó en una auténtica aventura. Su novia ya no pudo viajar para reunirse con él y Ledo pasó varios días en Tel Aviv, entre idas y venidas a los diferentes búnkeres a los que le tocó escapar.

Turismo, fiestas y guerra

Lo más rocambolesco de esta historia es que la percepción que se tiene de la guerra en Israel nada tiene que ver con la que puede tener una persona de Ferrol que despierta con el sonido de las sirenas y se refugia con cientos de personas de un posible ataque. “Mi familia me llamaba muy asustada y yo les mandaba vídeos para que pudieran ver lo que acontecía a mi alrededor: no había sensación de miedo, la ciudad seguía en movimiento, la gente tomaba algo en las terrazas, los niños jugaban y reían en las plazas...”, rememora. 

Su pareja y su gente le pedían que “intentara volar a Kazajistán, que se iba a abrir el espacio aéreo unas horas y que lo aprovechara”. Al final decidió esperar, contactó con Iberia y con la embajada y optó por aprovechar su estancia en Tel Aviv para recorrer la ciudad y hacer turismo y fotos, muchas fotografías con su cámara, cultivando así uno de sus hobbies favoritos.

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La gente disfruta abiertamente de la ciudad y sus zonas de esparcimiento
Álvaro Ledo

Cuando sonaban las alarmas tenías diez minutos para llegar al búnker más próximo, la verdad es que los hay por todas partes, Tel Aviv es una ciudad preparada para la guerra, no solías tardar más de tres minutos desde donde estuvieras hasta alcanzar uno de ellos”, explica este joven de Canido, quien subraya que una vez allí, “en los más grandes se podían juntar varios centenares de personas y, claro, la gente me preguntaba de dónde era y qué hacía allí, eran todos muy amables, muy acogedores y muy abiertos, te hacían sentir muy bien, uno más”, subraya.

Algunos de estos espacios están bajo tierra pero otros son edificios. “El más cercano a mi piso era como un centro cívico, una construcción de tres plantas realizada en titanio, un espacio acorazado contra bombas nucleares. La planta baja se reservaba para gente mayor y con problemas de movilidad y el resto nos repartíamos por los otros dos pisos”, afirma Ledo, quien sostiene que la gran mayoría se situaban en parques y plazas. “Te sugieren pasar allí una media hora, pero en ocasiones cuando ibas a salir sonaban de nuevo las alarmas, y regresabas, podías pasar de dos a tres horas en los refugios”, explica este joven ferrolano.

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Niños, mayores, mascotas... todos comparten espacio en los refugios, que se llena de vida con cada señal de alarma de las sirenas
Álvaro Ledo

La forma en la que viven la guerra los israelitas ha chocado mucho a este joven de la urbe que ha vivido situaciones de lo más curiosas. “Me marché de allí conociendo a todos los residentes de mi edificio, escapar a un refugio refuerza lazos entre la gente, se socializa”. También le llamaba mucho la atención observar a unos operarios en una obra situada frente a la residencia en la que se hospedaba. “Los veía trabajar y abandonar su puesto con cada sonido de las sirenas y volver de nuevo como si nada hubiera pasado, como si hubieran hecho el descanso para tomar un bocadillo”, precisa. 

"En los refugios la gente socializa, todos me preguntaban de dónde era y qué hacía allí"

En una ocasión estaba él comiendo en un restaurante –permanecían todos abiertos, todo lo estaba– y empezaron a sonar las alarmas. “Como el resto de personas del local dejé de comer y me fui al refugio más próximo, no hacía falta ni mirar la aplicación, solo era necesario seguir a la gente, ya que todos íbamos al mismo sitio. A la media hora regresé y seguí comiendo, pues mi plato permanecía donde lo había dejado”, afirma.

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Calma y guerra van de la mano en Tel Aviv
Álvaro Ledo

Entre las anécdotas curiosas que se trae de este viaje Álvaro Ledo está la del momento en que conoció a un joven de Afganistán que se lo llevó de fiesta. “Sabía, por lo que me habían dicho, que los israelíes son muy fiesteros y pude comprobar que así es, además pude hacer muchos nuevos amigos”, explica el de Canido, quien exprimió al máximo su estancia en Tel Aviv para conocer sus gentes, su cultura y cómo viven la guerra.

Otro aspecto que llamó su atención es que la población celebraba esos días el ‘Purim’, el Carnaval judío, y era fácil verlos disfrazados por las calles y los refugios. En uno de estos espacios también coincidió con un grupo de gente que celebraba una boda, el novio era argentino, y pudo charlar un rato con él.

En definitiva, la sensación de este ferrolano es que Tel Aviv es una ciudad de contrastes, preparada para la guerra, con gente –mayormente militares fuera de servicio– que van con su arma por la calle, refugios transformados en centros sociales, una urbe, pese a ello, muy cosmopolita, abierta y amigable y a la que Álvaro Ledo no descarta regresar, eso sí, sin la amenaza de la guerra por sus calles.

Cinco días después de su llegada a Israel, la embajada logró sacarlo del país junto a otros españoles, vía Egipto, en un viaje por carretera de 18 horas. “Fue un trayecto largo y con el miedo de que algún proyectil pudiera alcanzarnos”, afirma. 

Finalmente todo discurrió bien y tras pasar 48 horas en el país africano, donde tuvo ocasión de hacer algo de turismo, pudo tomar un avión hacia Milán, donde, ya sí, se reencontró con su novia durante unas horas antes de reemprender viaje hacia España y Ferrol. Lo vivido se queda ahora para dar forma a su anecdotario particular y para compartir con los lectores de este periódico.

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