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Ferrol

“Pescando” a Tejero en la ría: la historia tras la fotografía que demostró que el coronel vivía preso “como un marajá”

El fotoperiodista Fernando Laura estaba detrás del objetivo de una Canon que registró el paseo al sol del golpista, desmontando sus quejas acerca de la reclusión en una “prisión llena de humedad”

Marta Corral
01/03/2026 05:00
Fotomontaje del castillo de La Palma con la portada de "Sábado Gráfico" donde se publicaron las fotografías
Fotomontaje del castillo de La Palma con la portada de "Sábado Gráfico" donde se publicaron las fotografías
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En la locución que se escucha a bordo de la lancha en los cruceros que hace por la ría cargada de turistas cada verano, todavía se señala como una de las curiosidades dignas de mención que en el castillo de La Palma cumplió parte de su condena el teniente coronel Antonio Tejero, uno de los protagonistas del asalto al Congreso el 23-F y que fallecía el pasado miércoles, precisamente el día señalado por el Gobierno para empezar a desclasificar la documentación sobre el intento de golpe de Estado al cumplirse 50 años de aquella tarde en blanco y negro. 

Además de figurar las manifestaciones convocadas en Astano y Bazán el 24 de febrero de 1981, secundadas por 3.500 y 6.200 trabajadores, según el informe policial, Ferrolterra también se menciona en el registro de salida de la prisión militar mugardesa, el 3 de agosto de 1983, de los capitanes de la Guardia Civil recluidos allí: Carlos Lázaro Corthay, Juan Pérez de la Lastra, Francisco Acera Martín y Enrique Bobis González, siendo agasajados por ello con un banquete que les pagó un empresario en A Coruña

No obstante, quizás el testimonio documental de mayor interés que tiene relación con la comarca sea el que firman los abogados defensores el 28 de julio de 1981 incidiendo en lo que consideraban una vulneración de derechos de los reos, eminentemente de Tejero: “Ha sido trasladado, arbitraria y subrepticiamente, sin conocimiento del poder judicial, se le han restringido las visitas, se le ha trasladado a más de 650 kilómetros de su letrado, originándole indefensión (...), a una habitación llena de humedad y con incumplimiento de las normas higiénico-sanitarias a que toda persona tiene derecho”. 

En base a ello, instaban a que el teniente coronel Tejero fuera devuelto a la cárcel madrileña de Alcalá de Henares, “donde tenía que estar en la actualidad y de la que fue trasladado en virtud de un acto administrativo nulo”, e insistían en que el recluso “se encuentra enfermo, afectado de reuma y anemia, en una prisión militar llena de humedad”. Lograron su propósito y el golpista, después de 156 días en la ría de Ferrol —llegó el 5 de abril y se fue el 8 de septiembre de 1981—, fue conducido primero a la capital y después a Cartagena, quizás buscando unos aires mediterráneos más propicios. 

Sin embargo, lo que no consiguieron los abogados de Tejero Molina fue convencer a la opinión pública de que su cliente era un hombre enfermo que había pasado en La Palma los peores días de su vida. Y no pudieron, entre otras cosas, porque dos periodistas se jugaron el pellejo para que el 22 de abril toda España viese al teniente coronel paseando muy lozano por la terraza de la fortaleza. 

Periodismo contracorriente

Al fotoperiodista Fernando Laura (Valparaíso, Chile, 1959), la muerte de Tejero le “removió” tanto como para decidirse a compartir en X unos recuerdos que llevaban sumergidos casi medio siglo en el fondo de la ría ferrolana. Siendo un joven de 21 años, después de haber llegado de chaval a Madrid con su familia huyendo de la dictadura de Pinochet, trabajaba entonces en la revista “Sábado Gráfico” —que dirigió con valentía Germán Álvarez Blanco— y lo enviaron a Ferrol “junto a un redactor de mi edad, murciano, creo que su nombre era Jesús Martínez”, rememora al otro lado del teléfono. 

Lograron hospedaje en San Felipe y la cetárea les proporcionaba un sustento que todavía saborea: “Elegíamos ese ‘bicho’, al día siguiente el otro”, recuerda, enumerando centollas o percebes. “Nadie nos podía ver mucho, para no levantar sospechas”, precisa Fernando, relatando cuál era el ‘modus operandi’ durante aquellos días de abril que “parecían de invierno porque hacía muchísimo frío y humedad”. 

Fernando y su compañero se alimentaban de marisco en la cetárea de San Felipe durante aquellos días

Bien pertrechados, la pareja de periodistas salía al amanecer remando en un bote hasta instalarse en mitad de la ría, frente al castillo de La Palma, fingiendo que estaban faenando; pero, en realidad, estaban “pescando a Tejero, así le llamábamos”. “Nos tirábamos toda la mañana allí, pero teníamos tanta ilusión por hacer el trabajo y éramos tan jóvenes, que nos daba un poco igual. Estábamos en la edad en la que hay que hacer esas cosas”. 

Fernando Laura "pescando" en las canchas
Fernando Laura "pescando" en las canchas
Cedida

Una vez en el lugar, la estrategia no era tampoco sencilla. “Iba con mi cámara de fotos, una Canon, hacía ocho o diez, sacaba el carrete, se lo daba al redactor y él lo envolvía en bolsas de plástico que teníamos preparadas por si nos caíamos al agua o se dañaban de otra forma. Entre él y yo las escondíamos por el cuerpo, donde podíamos, pegadas con cintas adhesivas”, apunta, trasladando con sus palabras la adrenalina de la maniobra. 

Mordió el anzuelo

“Una mañana por fin apareció y me puse a hacer fotos como un bestia. Tiré unos veinte carretes, más o menos, cada uno con unas seis u ocho fotos”, relata el fotógrafo antes de reconocer que el corazón le iba a mil. “Entonces, el tipo se para y nos mira. Ve que estamos ahí, haciendo eso, y se puso a gritar, a señalarnos. Y los que estaban con él ya se empiezan a mover, a correr por todos lados, y nosotros en la barquita”. 

“Yo había remado solo en El Retiro, imagínate”, confiesa divertido Fernando Laura, describiendo con retranca que “creo que hicimos el récord mundial de un minuto y medio en llegar a la orilla”. “Recuerdo verme allí, a cuatro patas, abriendo agujeros en la tierra húmeda para esconder los carretes, tapándolos. La suerte es que también corrí al coche y metí otros por huecos en el interior”, puesto que los que llevaban pegados al cuerpo fueron los que destruyeron delante de ellos los guardias civiles que no tardaron en personarse en San Felipe. 

“Se pusieron a darles patadas con las botas, los abrían y tiraban de la película para velarlos. Yo solo podía pensar en que ahí estaba mi trabajo porque, aunque habíamos comido un montón de marisco, eso era lo más importante de todo”, reconoce, añadiendo que “ellos se pasaron un poco, nos soltaron muchas borderías, empujones, alguna ‘leche’ intempestiva, algún golpe mal dado... Cosas así. Se les notaba muy cabreados”. 

¿Y sintió miedo? “Nos llevaron al cuartel, pero no lo sentí. No creía que me fueran a meter en la cárcel 20 años. Lo único que sentía era impaciencia, para que acabase todo eso y me pudiera ir a revelar”, admite Fernando Laura. Desde “Sábado Gráfico”, además, tenían establecido un protocolo en caso de detención, así que “la redacción se movió rápido, y no llegamos a pasar la noche entera allí. Nos soltaron, volvimos a la cetárea, desenterramos los carretes y nos largamos a Madrid”. 

Prensa internacional

“Los nervios del revelado eran impresionantes. Lo hacía yo con un señor del laboratorio que había en la redacción, que la compartíamos con la de ‘El Caso’, y cuando vi las fotos me llevé el alegrón de mi vida. Valió la pena todo esto, y lo publicamos en portada. Es cierto que la calidad era regular porque la tecnología no era como ahora y, además, aquella panza de burro que había en la ría [la niebla baja], con el reflejo del agua, lo ponía dificilísimo”. 

Así, aunque el resultado no era todo lo bueno que Fernando Laura hubiese querido, ver a Tejero paseando al sol en la terraza de La Palma era una imagen lo suficientemente potente como para que revistas como la francesa Paris Match y la alemana Stern quisieran pagar “una pasta” para tenerla. Se desmontaba, ya no solo en España, sino también en Europa, la falacia sobre el hombre enfermo y desvalido que su entorno y sus fans —eran miles los que iban a verlo a La Palma— querían proyectar para salvarlo de la cárcel. 

Revistas como la francesa 'Paris Match' y la alemana 'Stern' pagaron un dineral por las fotografías de Tejero en chándal por La Palma

“Yo estaba más seco que la mojama, así que el dinero me venía... Fue un tiempo comiendo y viviendo como un ser humano gracias a eso; pero, al final, sabes cómo somos los periodistas: lo que yo realmente quería era ver las fotografías publicadas y mi nombre debajo. La cantidad no era lo importante, puesto que se veía perfectamente que no estaba siendo un preso normal”. 

Fernando Laura en la actualidad
Fernando Laura en la actualidad
Cedida

“Recuerdo que mi director, que era un monárquico brutal, me decía: ‘A este cabrón no le podemos dejar tranquilo, hay que putearlo, que lo que ha hecho es muy gordo, muy malo’. O sea, que un poco era desenmascararlo. Estaba viviendo como un marajá y le jodimos el tinglado porque lo empezaron a poner en el foco y a tratarlo como un recluso. Así que por ese lado, honestamente, al margen de opiniones políticas, me siento un poco orgulloso”, valora un profesional que después ensancharía su carrera en las canchas, detrás de la mítica Gigantes o de la revista Real Madrid, volviendo en ocasiones a Ferrol para “pescar” al OAR, aunando así dos de sus amores: “El que es apasionado y pone el alma en algo, aunque con un desgaste muy alto, lo hará bien y sentirá mucha satisfacción”. 

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