Misma esencia jamonera y tapa “sorpresa” para conquistar Ferrol: así es la mudanza de El Cruce a Serantes
La mítica jamonería ubicada en la rotonda de A Cabana, cambia de localización y se lleva a su fiel clientela

“Quisimos venir el sábado, pero estaba todo lleno de coches, muchísima gente en la acera”. Así se disculpaba una clienta de las de “toda la vida” cuando entró por primera vez en el nuevo local al que se ha mudado la mítica jamonería El Cruce —que ahora ocupa la esquina de Os Corrais con la avenida 19 de febrero, en Serantes— por no haber ido antes a “tomarle algo” a César Fernández Méndez, el comandante de este exitoso establecimiento que se reinventa sin perder ni un ápice de su esencia: el mejor jamón, tablas de embutidos, gran variedad de vinos —siguen sobreviviendo las tazas de Ribeiro— y cantadas muy ferrolanas.
Levantó la persiana el pasado 1 de noviembre, un mes después de que su pareja, Diana Fernández, bajase la del anterior emplazamiento en la rotonda de A Cabana, donde ella estuvo cinco años al frente hasta que empezó a trabajar a tiempo completo en el Sergas. Él no se lo pensó y cogió el testigo, reconvirtiéndose a sus 45 años al cambiar su oficio de mecánico por el de hostelero.
A su lado están Sandra y Gabriela atendiendo como camareras en la barra y la sala, y Andrés en la cocina, cortando embutido, pero también ocupándose de una de las grandes novedades: el pincho caliente a mediodía. Avanza César, con el afán de que al lector más carnívoro se le haga la boca agua, algunas de las propuestas fijas.
Los martes tendrán alitas de pollo; los miércoles, manitas de cerdo; los jueves, tripas, y los fines de semana sorprenderán a la clientela
Así, por ejemplo, los martes serán los días de las alitas de pollo, mientras los miércoles se despacharán manitas de cerdo y los jueves tripas. ¿Viernes, sábado y domingo? “El fin de semana habrá una tapa sorpresa”, compromete el dueño.
“Todo igualito”
Aunque habrá quien piense que dejar la ubicación tradicional de El Cruce, a medio camino entre el centro de Ferrol y las playas de Doniños o San Xurxo les va a penalizar en volumen de clientela, basta con sentarse un rato en el nuevo local para constatar que sus parroquianos más fieles se han mudado con ellos y otros nuevos van llegando.
“Desde que hemos abierto, no nos podemos quejar, estamos teniendo muchísima gente”, agradece el hostelero, confirmando que tampoco han perdido por el camino una de las características más apreciadas de El Cruce: la alegría musical.
“Ya hubo cantadas en estos primeros días”, sostiene César antes de insistir en que “seguimos con el mismo jamón, el mismo vino, las tablas, la misma esencia... Todo igual, igualito que arriba”. Por eso, confía en que, a pesar de cambiar de dirección, el éxito les siga acompañando como lo ha hecho todos estos años.
Un clásico
El Cruce consiguió su licencia de jamonería hace 67 años, en 1958, y más de la mitad de su historia la forjó con María del Carmen Díaz Rey detrás de la barra, hasta que se jubiló en 2020. Fue su suegra la que había abierto en ese emplazamiento una tienda bar de las que proliferaban antes, cediendo después el testigo a Eulogio, que también se ocupó del local una intensa época.
Diana se hizo cargo al final del año de la pandemia, echándole valor en un momento de incertidumbre que la hostelería padeció en forma de múltiples medidas que fueron grandes escollos a sortear por los propietarios; sin embargo, supo sobreponerse. Ahora, los dueños del antiguo local le darán otro uso, pero el nuevo ya va viento en popa a toda vela con César como capitán.





















