Ni 100% de Ucha ni de 1923: los secretos que guarda la emblemática Pescadería de Ferrol
Aunque se haya dado por buena la fecha que está en su fachada, todavía no se han cumplido 100 años desde su apertura

En sus dos entradas principales pone 1923 encima de las preciosas letras modernistas que anuncian que se trata de una “Pescadería”, pero el emblemático edificio que se levantó siguiendo los planos de Rodolfo Ucha —moldeado por los recortes presupuestarios del Concello— no llegó a inaugurarse hasta dos años después a pesar de que en 2023 se diese por cumplido su centenario. De hecho, en esa fecha no tenía ni tejado.
Lo atestigua una hemeroteca que no solo aclara los tiempos reales, sino que también demuestra que los proyectos en Ferrol ya se dilataban en el tiempo hace un siglo y nunca estaban exentos de polémica. Un paralelismo que reta a los postulados del espacio-tiempo justamente cuando la conocida también como “plaza del pescado” está a punto de someterse a una nueva reforma: la que hará del espacio un “gastromercado”.
Proyecto “prestado”
Cuando “El Correo Gallego” era el periódico local de Ferrol, recogía que en la sesión plenaria del 6 de julio de 1909, uno de los concejales —al que llaman por su apellido, Guerrero—, presentó una moción en la que pedía la construcción de la pescadería municipal “en la parte oeste del Mercado Central”.
Exigía además que se sacase del cajón el proyecto que el anterior jefe de obras del Ayuntamiento, el prestigioso arquitecto Riva de Soto, había dejado hecho para la instalación y que “pasase aquel a estudio del actual, el señor Ucha, a fin de que lo estudie para ver si hay necesidad de hacer otro nuevo o el arreglo del citado”.
La moción fue aprobada y la cabecera ferrolana, demostrando que estaba dispuesta a recordarles a los políticos su compromiso, publicó un editorial el 22 de septiembre de aquel mismo año, dando testimonio de que los puestos de venta del pescado estaban en la plaza de abastos común, que se hallaba en el mismo lugar que la de ahora pero con un aspecto infinitamente más elegante.
Explicaban que “la capacidad de la plaza principal resulta hoy exigua para atender las demandas del consumidor” y aplaudían el “intento de hacer algo serio, de laborar con ahínco en la consecución de todas aquellas mejoras asequibles a la capacidad tributativa de Ferrol y a las exigencias de un régimen de buen gobierno para el pueblo”.
No obstante, a pesar de la euforia, hasta el pleno del 12 de marzo de 1914 no se volvió a hablar de la cuestión. Fue entonces cuando se presentó formalmente el proyecto, cuyos planos estaban finalizados desde 1910 como recogió la historiadora del arte Pilar Freire en su obra “Entender o Modernismo a través da obra de Rodolfo Ucha” (Concello de Ferrol, 2023), ahondando en que por eso la obra pertenece al “modernismo puro” aunque cuando se edificó, más de una década después, el arquitecto ya estaba en la época del Neoeclecticismo.
De hecho, todo apunta a que el diseño de la pescadería se hizo sobre el de Riva de Soto porque, como escribió “El Correo” acerca de aquel pleno municipal, “el proyecto data de 1898”, aunque este extremo no haya trascendido nunca de forma pública. El presupuesto previsto para el edificio, aprobado también ese 13 de marzo, ascendía a 55.396,50 pesetas y el plazo de ejecución era de diez meses.
Hierro y hormigón
No fue hasta mayo de 1922 cuando el Concello empezó a mover ficha sobre el terreno, presentando un proyecto de subasta “para la contratación de un edificio pescadería”, figurando un importe de 80.465,05 pesetas del que, aclaran, “como en el presupuesto actual solo hay consignadas 30.000 pesetas, el resto se pagará al contratista en los años de 1923, 1924 y 1925, abonándole los intereses del 5% de demora”.
La subasta, según El Ideal Gallego, se celebró el 1 de agosto a las 17.00 horas en el consistorio, pero quedó desierta ese día y al siguiente intento, aunque finalmente el Concello se hizo cargo y el 8 de noviembre de 1922 se puso la primera piedra de unas obras que, siguiendo la idiosincrasia ferrolana, durarían bastante más de lo previsto. ¿El primer escollo? Un “plante” de los obreros días después porque dos de ellos “no estaban asociados”. Lo hicieron, pero luego fue “la Alcaldía la que no admitía a los que abandonaron el trabajo”.
No obstante, no fue esta la única paralización de los trabajos porque se registró otra ya a comienzos de 1923 por falta de materiales. Precisamente, estas cuestiones sobre los componentes fueron una constante en toda la evolución del inmueble y ya el 16 de diciembre de 1922 se lee en “El Correo” que el Ayuntamiento aprueba el cambio de las columnas de hierro del proyecto original por otras de “cemento armado, aprovechando la circunstancia de encontrarse en Ferrol un especialista en esta clase de trabajos, que vino para las del Casino Ferrolano y resultan así más baratas”. Las originales costaban 7.960 pesetas.
Se detalla el encargo de las cerchas y otros elementos de hierro al Astillero Mecánico de Gijón por 9.799 pesetas y el de las cubiertas de zinc el 17 de noviembre con un coste de 13.704,45. Días después, el 1 de diciembre, dice el Concello que está sin fondos para adquirir las verjas y las puertas, testimoniando el periódico local la queja del concejal Allegue, quien criticó que “ya no sabe a cuánto asciende la cantidad de lo que lleva costado ese edificio”.
La queja final
Avanzado 1924, el 12 de abril, la Sociedad Antón Martín pide una prórroga de un mes “en el plazo convenido en el contrato para la entrega de las obras de construcción de puertas y ventanas de hierro para la pescadería”.
El 5 de junio, Ucha especifica al alcalde, que ya era el recordado Antonio Usero, una petición para “obras, enseres y materiales que son necesarios para dar terminada y estar en disposición de prestar servicio”, y añadió también el regidor la necesidad de contar con una cámara frigorífica, además de los azulejos, piedras de mármol para 42 mesas y los pies de hierro necesarios, así como 20 toneladas de cemento “Waler-Clos” para ejecutar la acometida del agua.
Finalmente, el 27 de agosto de 1925 se publicaba la orden al Ingeniero de la Sociedad General Gallega de Electricidad para que “instale a la mayor brevedad dos lámparas” que iban a centralizar la iluminación de la nave.
Así, cuando todo parecía encarrilado para la esperada apertura después de 16 años, una comisión de vendedoras fue a ver al regidor para exigir que en el espacio “se les coloque en el mismo orden en que se hallan instaladas”, pero sus peticiones fueron atendidas por Usero para evitar polémicas y más demoras.
Al día siguiente, “El Correo” tituló al fin un “La nueva Pescadería” para informar de que el 1 de diciembre abriría sus puertas y que “la venta del pescado fresco, salado y mariscos” solo estaría permitida allí y ya no en el Mercado Central, obligadas a sufragar los “nuevos arbitrios” las pescaderas y pescaderos.
Eso sí, como última anécdota al estilo ferrolano, solo nueve días después de su apertura, el edil Joaquín Verez ya se estaba quejando al proponer “que se modifique la colocación de los puestos porque en la forma en la que se hallan dificultan el tránsito del público”.
La gran reforma
De regreso al siglo XXI, fue en abril de 2002 cuando empezaron las últimas obras de envergadura que se ejecutaron en el edificio, puesto que después únicamente se cambió su pintura un par de veces al azul celeste primero y al color arena el pasado mes de agosto. Sin embargo, antes de aquellos trabajos la nave sufrió daños cuando se acometían los trabajos de excavación para la construcción del aparcamiento subterráneo, saliendo a la luz diversas grietas.
Una vez dentro la maquinaria, el Gobierno local de BNG y PSOE tuvo que corregir el proyecto de rehabilitación en julio de 2002 porque se detectaron deficiencias técnicas que incumplían la normativa sanitaria y en septiembre por un error al elegir aluminio para las ventanas. La concejala nacionalista María Luisa Sabio se defendió alegando que el documento había sido una herencia del ejecutivo popular de Juan Blanco Rouco.
Los placeros estrenaron la renovada Pescadería de Ucha el 8 de diciembre de 2003, dieciocho meses después del comienzo de las obras, y se celebró al día siguiente la inauguración con una degustación de pescado frito para el público a cargo del alumnado del Fragas do Eume de Pontedeume. Se renovaron servicios de venta e higiénicos, además de teñirse de un blanquiazul que lució años, preservando la esencia de un edificio que aún guardaba secretos.

















