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Racing de Ferrol

Un Racing de Ferrol que desengancha a su afición

La apatía del equipo y la falta de objetivos propiciaron un decrecimiento de espectadores en A Malata

La afición del Racing protesta una jugada
La afición del Racing protesta una jugada
Jorge Meis
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Aunque todavía queda una jornada por disputarse, lo cierto es que el Racing de Ferrol hace mucho tiempo que no tiene un objetivo real ni alcanzable. Hasta el día de Pontevedra, el equipo tenía una pequeña esperanza de unos playoffs casi inalcanzables y lograr la clasificación para la próxima edición de la Copa del Rey. Sin embargo, ni en ese duelo, que terminó en empate, ni el que disputaron ante Arenas de Getxo, el equipo demostró esa garra e ilusión de alguien que se juega algo. Eso, al igual que había pasado en algunos momentos de la primera vuelta, generó un descontento, o más bien lo amplió, en una afición que ha estado en los buenos y malos momentos. 

No obstante, en el último encuentro que se disputó en A Malata, la afición dijo basta. Además de presentar su peor entrada –apenas acudieron 3.350 personas–, también se pudieron escuchar, durante varios momentos, silbidos. De hecho, en los cambios de Jairo y Pascu fueron más notorios, algo que contrastó cuando se marchó Fabio, que fue aclamado. Y es que el de Ingenio, además de mostrar su cariño al club y sentirse muy acogido en la ciudad, lo da todo en cada partido, que al final, al margen de los resultados, es lo que quieren todos los socios y las socias del club de la ciudad. Exigen ese esfuerzo para conseguir las cosas porque sin él no van a llegar. 

De hecho, el técnico racinguista, Guillermo Fernández Romo, tras el encuentro habló sobre esos pitidos y los entendió perfectamente. En este sentido dijo que “es normal que la gente esté disgustada porque no ganamos a nadie”, a lo que añadió que “por eso no los discuto, porque no conseguimos los resultados”. De igual manera, explicó que “el fútbol se trata de ganar, independientemente de lo que uno acepte o lo que uno entienda. Esto va de ganar y cuando uno gana, pues la gente se mosquea. Si juntas que llevamos dos años sin ganar, el año del descenso, y este en el que pones unas expectativas altas y te quedas a medio camino, pues existe una frustración”. 

Cuesta abajo

Y es que esa frustración ya se ha hecho palpable a lo largo de todo el año, sobre todo en el número de personas que acudían a A Malata. De hecho, en la liga, que se empezó en el recinto ferrolano, la gente respondió muy bien, pues acudieron 5.367 espectadores para ver el duelo del Talavera. En ese encuentro, además de conseguir la victoria, se pudo ver una comunión con la afición, que contestó masivamente y, en el segundo partido, en casa fueron 6.129 espectadores, al igual que lo hicieron fuera de casa cuando invadieron el Anxo Carro. Allí, en Lugo, a pesar de no conseguir el triunfo, se pudieron ver muchas caras de orgullo por como el equipo compitió con dos menos y estuvo a punto de ganar.

Conforme fue avanzando la liga, el número de hinchas que fueron acudiendo hasta A Malata rondaba los cinco mil –contra el Guadalajara hubo 5.841, frente al Ourense, 5.528 y ante el Arenas de Getxo 5.167– hasta que llegó el partido más esperado, el duelo en el que se midió al Tenerife, su gran rival por el ascenso directo. A ese encuentro acudieron 6.500 espectadores, siendo el tope de la temporada. Sin embargo, el resultado no acompañó a pesar de los esfuerzos del equipo. 

A partir de ese día algo cambió. El conjunto verde quedó muy tocado. Ya no rendía como antes, ni en casa ni fuera, y los números fueron bajando y la crispación iba ligeramente en aumento. Tras un pequeño bajón de afluencia, cosechando su punto más bajo en la eliminatoria de la Copa del Rey frente al Huesca a la que sólo acudieron 1.100 personas, debido a que era un partido entre semana y en un mal horario. Una jornada después de ese choque hubo un repunte, pues Míchel Alonso se hacía cargo del equipo tras la destitución de Pablo López. Eso animó a la gente acudir a A Malata –fueron 4.945–, pues pedían un cambio de rumbo para seguir en los puestos de playoffs. 

Sin embargo, este no surtió efecto, pues llegó Guillermo Fernández Romo, que no logró levantar al equipo. De hecho, en su primer partido recibió un 3-0 de la Ponferradina, algo que dolió en la afición, pero no dejó de animar aunque la cifra bajó hasta los 3.578 asistentes. Eso fue un pequeño bache, porque A Malata y el Racing recuperaron entradas de casi cinco mil personas, pues los resultados fueron un poco mejor y todavía había muchas opciones de llegar a los playoffs, especialmente tras la victoria en Tenerife. Pero como pasó durante toda la segunda vuelta, esa alegría poco duró, pues llegaron más derrotas y las opciones se complicaron. 

Aun así, la afición no falló. Siguió acudiendo al estadio aunque cada vez en menor medida. El fondo se tocó el pasado domingo, pero era normal y algo que se veía, pues el cabreo era notable y ya no había nada en juego ni nada por lo que luchar más allá del honor de defender el escudo y la camiseta del Racing. Aun queda un partido más de liga, un desplazamiento a Salamanca para jugar contra el Unionistas –este sábado a las 18.30 horas– en el que casi seguro que habrá aficionados y aficionadas verdes en las gradas, que siempre van a estar ahí para su equipo y no dejarlo solo en la despedida de una liga que resultó amarga. 

A pesar de ese final, en total acudieron 90.917 espectadores a A Malata, lo que supone una media de 4.545,85 por encuentro. Si el club logra mantener esa fidelidad, incluso que aumente, realizando una buena plantilla, que lo dé todo y consiga buenos resultados, todos los racinguistas se dejarán la vida por animar al equipo de sus amores. 

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