El rey emérito
Está fuera de discusión que el rey emérito defraudó entre 30 y 56 millones de euros, y que fueron defectos de forma los que le libraron de ir a juicio. Tampoco está en discusión que esos defectos de forma fueron consecuencia de una sospechosa dejadez de las administraciones encargadas de velar por la igualdad de los españoles ante la Ley, y es un hecho irrebatible que ha fijado su residencia fiscal en Abu Dabi. El pasado jueves 19 regresó de manera intempestiva, y no creo que haya sido para ver la regata de Sanxenxo ni para recibir los vítores de sus fieles, entre ellos un conocido periodista que lamentó que el rey haya salido de España “como los viejos exiliados y emigrantes”, una comparación obscena porque esa gente salió para ganarse el pan que se les negaba en su tierra, y lo único que llevaban además de una mala maleta era su dignidad, y el recuerdo de lo que pudo ser pero no fue.
