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Los datos que se conocen sobre el turismo en Ferrol en los últimos años arrojan conclusiones que rompen estereotipos que arrastraba nuestra ciudad de forma recurrente, incluso asumida por la ciudadanía local, como que “Ferrol tiene unas playas preciosas, pero es una ciudad fea”. Defendiendo que, por supuesto, nuestros arenales son impresionantes y el destino perfecto para familias y amantes de los deportes náuticos, lo cierto es que, especialmente desde la pandemia, Ferrol recibe a miles de turistas cada año que vienen a conocer nuestro patrimonio, llamados en buena medida por un Camino Inglés que, como pensábamos algunos, es y será un recurso de primerísimo nivel para el desarrollo de nuestra ciudad.

Pues sí. La mayoría de visitantes lo hacen motivados e interesados por las representaciones tangibles de nuestra historia; por ese Ferrol Ilustrado que opta a Patrimonio Mundial, con un Arsenal único en el mundo, una cuadrícula perfecta que forma el barrio de A Magdalena y unas fortificaciones militares que flanquean nuestra costa y ría privilegiada. Lo hacen para conocer esas Meninas que llenan Canido y han convertido a este barrio en un verdadero museo al aire libre. Lo hacen para sorprenderse con ese Modernismo que Ferrol le debe casi de forma exclusiva a Rodolfo Ucha. Lo hacen para disfrutar de ese patrimonio cultural que nos diferencia, como la Semana Santa de interés turístico internacional o unas Pepitas que en breve serán de interés turístico nacional. Y lo harían, más allá de disfrutar de una magnífica fachada marítima y de un barrio de Ferrol Vello en plena rehabilitación, de unos vestigios medievales excavados y musealizados si el gobierno del PP no hubiese decidido de forma unilateral y con nocturnidad y alevosía tapar con cemento y hormigón los restos que podrían explicar el origen de Ferrol.

Pero enterrar nuestro patrimonio sin ningún rubor no es la única decisión lesiva que ha tomado este gobierno en estos meses, sino que en este afán revisionista que han adoptado los populares como “modus operandi”, han decidido dejar a un lado las iniciativas que en el pasado mandato se habían adoptado para poner en valor nuestra historia y seguir promocionando a Ferrol como destino vinculado a la cultura y patrimonio. Así, cuando menos sorprende que Rey Varela se haya negado a seguir apostando por el Modernismo -más allá de una visita guiada el Día Mundial del Turismo-, renunciando a acudir a la Feria Modernista de León -cuya participación es gratuita y la decoración del stand ya estaba adquirida- y cambiando la subvención de la Diputación para la Semana Modernista en la que estaba trabajando el anterior gobierno socialista para desarrollar precisamente esta última semana de septiembre -coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Ucha- por actividades de promoción que ya se habían realizado poco antes de las elecciones.

Resulta difícil de entender que se cambien estrategias que funcionaban, que se den pasos atrás en acciones que carecen de color político con el único objetivo caprichoso de diferenciarse del anterior gobierno. Pero, sobre todo, resulta tremendamente contraproducente para avanzar de forma coherente, ordenada y decidida en el turismo como pilar fundamental y diversificador de nuestra economía. Y, por supuesto, supone dar un portazo en las narices al cuidado, respeto, puesta en valor y promoción de nuestro patrimonio.