El germen de lo neurálgico (y II)
Por otra parte, también es evidente que la solidaridad concreta y la responsabilidad compartida, tanto a nivel de naciones como a nivel global, son indispensables. Al fin y al cabo, hay que entrar en disposición, no de angustiarse, sino de encontrar la paz consigo mismo, sin abatirnos ni destrozarnos. Bajo este contexto de enemistades, con aluvión de hechos feroces, la adopción de la política conciliadora puede resultar esencial en medio de la creciente polarización. Lo importante, a pesar de tantas crueldades vertidas, es no desfallecer, aprendiendo de las enseñanzas de la historia, y trabajando por caminar juntos, con una mirada que acaricie y fortalezca, abriendo el corazón a la esperanza.
En efecto, de lo espantoso por mucha alarma que nos genere también se marcha, uniendo iniciativas y con espacios para expresarse, desde el respeto y la consideración hacia todo lo viviente, con la conciencia de que también de las crisis humanitarias se huye, cumpliendo los compromisos y admitiendo de que no hay paz sin desarrollo como tampoco desarrollo sin quietud. Ciertamente, debemos movilizar el poder transformador de los jóvenes del mundo, pero los mayores tenemos que saber que no podemos permitirnos perder más tiempo, asumiendo obligaciones más firmes y ampliando las mejores prácticas ante la multitud de desafíos complejos a los que tenemos que hacer frente, interconectados para desmontar los estereotipos que nos excluyen y dividen. Es posible, que el mejor cimiento radique en saber sustentarnos uno a otros, en un momento espinoso para toda la humanidad. Sin duda, estamos ante un periodo amargo, creciente de injusticias y con un montón de guerras en cualquier esquina del planeta, lo que debe de invitarnos a tomar otra orientación existencial, a dejar de lado el egoísmo, para poder retomar otros caminos más armónicos, que es lo que en verdad necesitamos como linaje. No repitamos, pues, la misma versión; de pensar nada más que en nosotros mismos, sin contar con los demás.
