El camino hacia la salud planetaria
A pérdida de biodiversidad y el cambio climático nos pueden llevar a una era de frecuentes pandemias como consecuencia de que los humanos invadimos territorios ajenos como bosques o selvas, hecho cada vez más frecuente, lo cual propicia que exista un contacto más estrecho entre los humanos y nuevas especies de animales salvajes, aumentando la probabilidad de que los virus pasen a nuevos huéspedes y provoquen nuevas pandemias. El clima cambiante afectará a gran parte del planeta. Las alteraciones que el cambio climático provocará en las próximas décadas en los ecosistemas terrestres, generarán miles de transmisiones virales entre diferentes especies. Los virus empiezan a saltar entre especies huésped a un ritmo sin precedentes y las repercusiones en la conservación y en la salud humana podrían ser devastadoras.
El cambio climático se convertirá en el mayor factor de riesgo de aparición de enfermedades. Vivimos en un mundo 1,2 ºC más cálido que en la época preindustrial, no hay marchas atrás. El cambio climático contribuirá a que las pandemias sean más probables, nos golpearán nuevas enfermedades en un futuro próximo. Hay que aprender de los errores cometidos en la pandemia por coronavirus, urge disponer de planes de contingencia para responder ante posibles situaciones que puedan surgir en un futuro próximo, y para ello los gobiernos deberán destinar más recursos a los sistemas de salud para hacerlos más resilientes ante una nueva pandemia, siendo imprescindible una mayor coordinación y estar preparados ante una nueva emergencia sanitaria que pueda surgir en cualquier momento.
El cambio climático es la mayor amenaza para la salud en el siglo XXI. Es necesario movilizar al mundo en la lucha contra el cambio climático cara a la salud ambiental del planeta, lo cual supone la oportunidad de implantar políticas sanitarias públicas que influyan en la consolidación de modelos sostenibles y hábitos de vida saludables. Una nueva planificación energética, urbanística y los cambios en los transportes serán algunas de las claves a tener en cuenta para minimizar en la medida de lo posible sus consecuencias. Tenemos que estar preparados para afrontar las posibles consecuencias del cambio climático, es necesario establecer una estrategia adecuada para afrontar el impacto de la variación del clima en las personas, sobre todo en las ciudades y poblaciones costeras que serán las más amenazadas (según algunos informes, se producirá la elevación del nivel mar 50 cm a causa del cambio climático).
Es preciso acelerar el proceso de descarbonización y de transición energética. Impulsar la implantación del vehículo eléctrico y la producción de electricidad a través de energías renovables no contaminantes de cara a minimizar los problemas de contaminación atmosférica en las grandes ciudades y mejorar la calidad del aire, y con ello la calidad de vida y la salud de los ciudadanos (según la OMS cada año mueren cerca de 8 millones de personas a causa de la contaminación del aire). La implantación del vehículo eléctrico unido a la producción de electricidad con energías renovables, será una de las mayores contribuciones para luchar contra el cambio climático y para la reducción de las emisiones contaminantes a la atmósfera en el transporte. Uso racional de los recursos naturales (recursos energéticos, recursos hídricos, el suelo, etc.). Hay que trabajar para que los residuos dejen de ser un problema y se conviertan en una oportunidad. El objetivo tiene que ser conseguir transformar los residuos en un recurso y llegar al residuo cero. Para ello hay que fomentar el modelo de economía circular que garantice el futuro del medio ambiente.
