Quien dice Navidad, dice Reyes. Lo importante, como en el anuncio del famoso turrón, es volver a casa. Y pocos regresos tan deseados como el de Lucas Pérez. El coruñés ha puesto de su parte todo y más para vestir otra vez la camiseta blanquiazul, pisar de nuevo las calles herculinas y, ojalá, confirmar las expectativas de los deportivistas que están convencidos de que, este año sí, el equipo va a escalar una categoría. Lo que nos emociona un milagro navideño, por mucho que a veces vayamos de Grinch por la vida. Aunque en este caso la historia tenga más de voluntad férrea que de intervención divina. Lo que sería milagroso, en realidad, es que no se repita el error de volcar sobre el delantero la responsabilidad única de que el Deportivo marque los goles necesarios para sumar de tres en tres puntos en los partidos. En unos meses comprobaremos si se ha aprendido algo. La piedra con la que tropezamos dos veces frente al ‘rectificar es de sabios’.
