Lo que les cuestan a algunos los cambios. Sobre todo, cuando son impuestos. Les aflora una rebeldía vandálica que les impulsa incluso a atentar contra el mobiliario urbano. Aunque en su cabeza lo que estén haciendo sea luchar contra la injusticia. Como la de peatonalizar la calle Compostela y colocar bancos de piedra para los vecinos. Menuda desfachatez. Dónde se ha visto que tengan prioridad las personas sobre los coches en una zona comercial del centro de la ciudad. Si es que dan ganas de entrar conduciendo hasta la cocina. Que en este caso equivale a embestir contra el banco que impide el tráfico rodado. Por lo visto, en este pulso andan el Ayuntamiento y el renegado sobre ruedas: uno golpea el banco hasta sacarlo de su base, otro lo repara y vuelta a empezar. Y así hasta que se coloquen cámaras de seguridad en la zona o en una de sus incursiones el vándalo calcule mal y acabe en el taller. Lo que antes pase.
