La verdad es que ahora que vamos de cabeza a las elecciones locales, aquí todo el mundo se pone el traje de ‘buen gestor’. Una cosa es hablar de boquilla y otra muy distinta dar trigo cuando se está en faena. Evidentemente en A Coruña ocurre lo mismo. Optar al Ayuntamiento es un enorme compromiso, porque el ciudadano no te valora por el partido en el que militas (salvo los fieles, que los hay) si no por cómo tienes la ciudad. Los electores saben muy bien a la hora de votar si lo hacen a nivel local, autonómico, nacional o europeo. Lo cercano les importa, y mucho. Le piden a sus regidores si hay limpieza en las calles, si hay seguridad y, sobre todo, si hay servicio público. No pide grandes obras, solo algo tan sencillo como una buena gestión de la ciudad de la que se sientan orgullosos, tal y como ocurría antaño. Coruña siempre presumió de lo suyo y otras urbes gallegas, las principales, trasladaban el modelo a las suyas. Ese orgullo coruñés es el que hay que recuperar.
