MUGARDOS fue un trajín. Un simulacro de rescate alteró una mañana fría y soleada en una villa de paz. No faltó de nada: muertos, heridos, choque de lanchas, helicóptero, moto de agua, remolcadores de la Armada, bomberos, ambulancias, furgones de funeraria, policías, guardias civiles con y sin graduación, periodistas, Cruz Roja y hasta un supuesto despistado que encajó su turismo en una rampa. Pero la mención especial fue para dos figurantes, supuestas familiares de las no menos supuestas víctimas, gritándole al oído a pleno pulmón a un agente: “¡Queremos explicaciones!”.
