Lo que vivimos estos días en cuanto a temperaturas es algo más que un veranillo de San Miguel. Se han batido registros de altas temperaturas en octubre y ya nos estamos acostumbrando a que cada año rebasemos alguna marca relacionada con el calentamiento del clima. Algunos de los efectos económicos a corto plazo ya se dejan sentir en los círculos más cercanos. El sector textil, tanto en grandes como en pequeños establecimientos, por ejemplo el de la zona de Arousa, confirma que las ventas no van como debieran. Es difícil fijarse en los abrigos de los escaparates cuando todavía estamos usando los bañadores. Efectos significativos, y medibles, se adivinan también en Galicia con la demora en el encendido de las calefacciones. Un respiro para los bolsillos y el gasto energético que, no obstante, es síntoma de algo.
