La verdad es que el Reino Unido siempre da mucho juego. Tenemos un primer ministro que se dedicaba a montar fiestorros en su residencia oficial mientras la población estaba confinada por el coronavirus y condenada a no salir a la calle. Luego, un diputado que se entretiene en los tediosos plenos viendo porno. Una diputada que es acusada de distraer a Johnson separando sus piernas mientras habla el premier y a una ministra que acusa a los diputados de tener las manos largas y las lenguas muy ágiles a la hora de recurrir a frases misóginas. Y eso sin tener en cuenta que la reina se tendrá que gastar una pasta para evitar ver a su hijo en el banquillo de los acusados por abusar de una menor. La verdad es que, si lo pensamos con calma, este país es una maravilla.
