La de bajar el IVA de los alimentos es una de esas ocurrencias que todos menos el que la tiene saben que va a salir mal. A lo mejor es que esperamos siempre lo peor, pero es que la experiencia nos da la razón. Y cuando se anunció la medida, después de los dos segundos de euforia inicial en los que soñamos con una cesta de la compra que nos podríamos permitir, caímos en la cuenta de que lo más probable sería que nada cambiase. Y, oh, sorpresa, eso es exactamente lo que ha sucedido. Seguimos saliendo del supermercado con el carro a medio llenar, cincuenta euros menos y preguntándonos en qué se nos ha ido el dinero. No es una sensación nuestra, Facua se ha encargado de revisar los precios en ocho grandes cadenas de distribución para comprobar que no han bajado y ha presentado la correspondiente denuncia ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. A ver si así...
