Cierto es que unos cardan la lana y otros llevan la fama. Lourenzá está entre estos últimos. Pero las fabas de Moeche, además de cardar lana y lo que haga falta nos recuerdan que no hace falta ir tan lejos —que tampoco es tanto— para disfrutar del producto que nos entrega la tierra a cambio de tan poco. Habrá que esperar un par de días a ver si el frío tiene a bien colocar las cosas en su sitio, pero quienes ayer se llevaron materia prima para sus alacenas ya saben que el invierno, con una fabada de Moeche, no va a ser más que una suave transición hacia un nuevo y ansiado verano. Que aproveche.
