UN empate en casa frente al colista no era el mejor plan previsto para el partido del pasado domingo del Racing de Ferrol. Pero Parralo —cuyo gran virtud es la humildad— tiene algo de aquello que se le achacaba el siglo pasado a Benito Floro y que relacionaba su apellido con “salva-sea-la-parte”. El punto rascado en A Malata ante el Cartagena dejó un intenso aroma a triunfo. Se logró con el cronómetro rebasado y se lo adjudicó un futbolista —Álvaro Vadillo— con una historia de superación personal que merece ser contada. Y, sobre todo, no perdamos la perspectiva: se trata de sumar para atar la permanencia. Se puede.
